Un cálido roce, un escalofrío, una sensación de pérdida que
desaparece cuando estás conmigo.... Tu mirada me encuentra a mitad del
camino... Tus ojos me devuelven mi reflejo, y encuentro ansiedad y algo más a
lo que no puedo poner nombre, porque la profundidad del abismo es tan inmensa
que me supera... Miro al cielo, intentando no sentirme abrumada por lo que
siento, respiro profundamente, buscando mi fuerza y encontrando mis miedos...
Miedo a que tus sentimientos no sean tan fuertes como los míos, miedo a sentirme
perdida una vez más, a sentirme indefensa una vez más, a sentirme vulnerable,
una vez más..... Mi corazón late desbocado, dando bandazos entre mis costillas,
y sigo preguntándome que pasara ahora.... Y entonces, sin previo aviso,
tu boca anida en la mía, tu lengua pasea en mi labio, y tus manos
en mi espalda, me aprietan contra tu cuerpo.... Me siento febril,
hambrienta y segura.....Tu abrazo, intenso y cálido. Es mi refugio, mi nido, mi
ancla, el mástil de mi vela, y por un momento, sé que estoy donde debo estar,
porque así lo deseo, y pase lo que pase, este momento permanecerá vivo en mi
memoria para siempre....
lunes, 24 de junio de 2013
martes, 4 de junio de 2013
lunes, 3 de junio de 2013
ETERNO, CAPITULO III, SEGUNDA PARTE.
Lo que debería haber sido una tarde noche de descanso, se convirtió en un día, luego en dos, en tres.... En la tarde del tercer día desde el suceso, Anna ya había decidido que sin falta acudiría al trabajo, sin mas demoras... Nunca había estado tantos días sin acudir a trabajar desde que habia ocupado su puesto... Pero después de pasar la segunda peor noche de su vida entre jadeos y pesadillas, al día siguiente no pudo ni levantar la cabeza de la almohada, con lo que tuvo que conformarse y dejar por una vez , que su cuerpo hablase por ella. Se quedo en la cama casi todo el día, solo con la compañía de Gus, que solo se alejaba de ella para comer y acercarse al arenero para hacer sus cositas, y solo salio de ahí para ir al baño o para acercarse al frigorífico a tomar un bocado. Su apetito parecía haber desaparecido junto a su seguridad. Cada minuto que pasaba pensando y dándole vueltas a lo ocurrido, se creía mas perturbada.... Primero empezó creyendo que todo lo que había visto, era fruto de shock, que todo había sido una pésima jugada de su imaginacion.... Vivía rodeada de libros, y aquella maldita vez, su fantasía, espoleada por la adrenalina que inundo su sistema en el momento de tensión, había sido la causa de sus "visiones". No podía explicarlo de otra manera. Le había dado muchas, muchisimas vueltas al asunto. No había modo de explicar aquello.
El segundo día, su mente empezó a esclarecer. Lo que en un principio creyó fruto de su momentánea locura epinefrinica, fue tornándose cada vez mas, una secuencia clara de imagenes que cobraban seguridad y ganaban terreno en su mente mas racional..... Al fin y al cabo, no era una persona racional?? Si , vivía rodeada de libros, era una lectora ávida de historias, pero también era una persona de mente abierta y con las ideas muy claras, de mente racional con un nivel de raciocinio muy elevado y que no pensaba dejarse llevar por la idea del limite y la realidad preconcebidas. Sabia, si , lo sabia, que todo parecía una autentica y verdadera locura, pero ella , después de pasar por la negación y la incredulidad, del miedo y del shock, después de intentar sobreponerse a todos esos sentimientos negativos que la habían ahogado durante dos días y dos noches, sabia perfectamente lo que había visto y vivido. Se negaba a creer que se habia vuelto loca, entre otras cosas porque no lo estaba.
No estaba loca y aunque todavía no sabia como, pensaba averiguar que demonios era lo que había intentado comérsela como cena.

viernes, 19 de abril de 2013
RELATO CORTO: "LA GEMA AZUL".
LA GEMA AZUL. Por Raquel
Martinez Casanova.
La abuela nunca había sido muy elocuente cuando se trataba
de hablar del pasado de la familia. No sabia porque, pero me daba cuenta de que
no le gustaba hablar demasiado sobre ello, algo bastante raro, teniendo en
cuenta la tendencia conocida que tienen los mayores a honrarnos con sus
batallitas inacabables y sus historias de niñez.
Pero la abuela Sara
nunca había sido la típica abuela. Estaba curtida de experiencias, como todos
los ancianos , pero había algo cuando ella hablaba, que me daba a pensar que la abuela Sara callaba mucho mas
de lo que contaba.
El dia que ella eligio para dejarnos fue triste, lluvioso y
gris, como si el cielo nos acompañase en nuestro pesar , en nuestra despedida.
Pese a sus evidentes silencios , pese a sus calladas retiradas, siempre habíamos
estado muy unidas, y siempre había estado ahí para mi. Yo era consciente de que
su vida había sido larga y fructífera, que tras irse apagando como una pequeña
vela de blanca luz, era el momento de decir “hasta pronto”, pero tierna y egoístamente,
me dolia profundamente y en mi fuero
interno, me negaba a dejarla marchar. Ella, siendo para mi como mi segunda
madre, me había enseñado e instruido, me había dotado de valores que para
algunos rayaban lo pagano, y que aunque en numerosas ocasiones yo no llegaba a entender, siempre respeté, porque
sabia que la abuela Sara siempre tenia sus motivos para todo, motivos que
formaban parte de ese “dossier” oculto de su vida, del que ella nunca hablaba.
Tres días después de su marcha y encontrándome muy abatida y
triste mirando unas viejas fotos, mi madre se acerco con una pequeña cajita en
la mano y un sobre envejecido y descolorido, con pinta de haber estado guardado durante mucho ,
mucho tiempo.
-Esto es para ti….. – me dijo – Leelo y cuando….. cuando quieras hablamos , vale?
Me entrego el pequeño cofre y el sobre, y se marcho dando
media vuelta y un suspiro. Por unos instantes contemple la pequeña caja sobre
la palma de mi mano. Parecia antigua y desgastada en los bordes, de madera
oscura con pequeños motivos raros que parecían
haber sido labrados a mano en la superficie de la tapa y los lados del cofre.
Los motivos me recordaban a los simbolos de un lenguaje perdido e indescifrable. Al sujetar el sobre entre mis dedos me di
cuenta de que en el interior podía palpar con las yemas algo mas duro que el
papel. El sobre contenía además de una
carta , una pequeña llave oxidada que encajaba en la diminuta cerradura del
pequeño y viejo cofre. Al darle la
vuelta a la llave, la cerradura chirrió tenuemente, sonando como un susurrado
quejido. Dentro encontré un pequeño medallón tan viejo como lo era la caja que
lo guardaba. El metal estaba oscurecido
y una gema de color azul cobalto brillaba con la tenue luz que se filtraba por
la ventana, desprendiendo pequeños destellos azulineos.
Sentada como estaba, en el suelo al lado de mi antigua cama,
deje la pequeña caja sobre los albumes de fotografías que se hallaban frente a
mis pies, sobre la alfombra que cubria gran parte del suelo de la habitación. Y
me dispuse a leer el contenido del sobre. El papel emitió un tenue crujido
cuando lo libere de su viejo emplazamiento y por un momento temi que fuera a
romperse. La mano que había escrito
aquellas palabras era, sin duda alguna, la de mi abuela Sara. Sus trazos me
eran tan conocidos y reconocibles, como si fueran los mios. Mis ojos se
deslizaron sobre las letras, acariciando cada trazo de aquella familiar ortografía,
porque sabia que ella había escrito aquella carta siendo yo su destinataria. Y sentí
como de nuevo, llegaba la nostalgia y la tristeza de la perdida.
“Queridisima Sara:
Mi niña querida.
Las dos sabemos que , si tu estas leyendo esta carta, es
porque ya no estoy físicamente contigo, pues asi lo dispuse. A todos nos llega el momento cariño. Pero no
estes triste, no te preocupes corazón, porque puedo asegurarte que un dia
estaremos juntas de nuevo. Y yo siempre voy a estar ahí para ti, como siempre
he estado. No olvides que, aunque no puedas verme, yo sigo estando en tu corazón
. Siempre que me necesites, ahí estare, tan solo tienes que buscar en ti, en
tus recuerdos, en nuestros momentos compartidos, en todo lo que aprendimos
juntas. Te quiero mucho, mi niña, y
siempre , siempre estare contigo. Nunca lo olvides. Y ahora mi niña querida, ha
llegado el momento de contarte algo muy importante. Algo que cambiara tu vida
para siempre, igual que cambio la mia, y la de las que llegaron antes que
nosotras. Sospecho que , siendo como eres tan intuitiva, hace tiempo que sabes
que hay algo que he estado guardando hasta que llegase el momento de contarte y
que nunca antes te he mencionado. Pues bien, el momento ha llegado, porque asi
ha sido siempre y asi se dispuso hace cientos de años. Nunca hablamos de ello
con nadie fuera del Circulo hasta que llega la hora de entrar en el. Y tu hora
ha llegado. Cuando unas salen, otras entran en su lugar. Asi es como funciona,
y asi ha sido desde el inicio de los tiempos.
Yo conoci su existencia cuando mi abuela falleció y su legado me fue
transmitido, y tu madre a su vez entro en el Circulo cuando su abuela, mi
madre, también falleció. Y tu querida niña, debes seguir la misma pauta que ha
marcado nuestros destinos desde que vinimos al mundo en nuestra familia. Asi ha
sido durante siglos y asi debe seguir
siendo. Puede que ahora no lo entiendas, pero quedate tranquila , manten la
calma y con el tiempo, lo entenderas.
Para mi no es fácil escribir esta carta. Se que mi momento
de ir a otro lugar ha llegado, y me duele en el alma tener que dejarte ahora.
Hubiera querido tener la oportunidad de ser yo misma quien te iniciase, pero
como te he explicado, los dones no funcionan asi. Tu madre ahora, tomara ese
papel en mi lugar, y con ella aprenderas
todo lo que yo no he tenido tiempo de enseñarte y que debes aprender después
de tener conocimiento de estos acontecimientos tan especiales. Estaras rodeada
de grandes personas en las que podras apoyarte siempre que lo necesites.
Supongo que a estas alturas , te preguntaras un monton de
cosas. Ten paciencia que todo te será revelado a su tiempo. Poco a poco, como debe ser.
Nuestra familia procede de un antiquísimo linaje de brujas
blancas que a su vez, tiene sus origines en los antiguos pobladores celtas. Los
celtas desaparecieron hace cientos de años pero su magia y poder ancestral,
perduraron en unos pocos conocedores de su legado. Estos conocimientos han ido
pasando durantes centenares de años, una generación tras otra, de familia en
familia, hasta que solo quedo la nuestra para conservarlos. Y asi lo hemos
hecho, cariño, hasta llegar a ti.Esto es durante lo que tanto tiempo he callado
porque la hora de las revelaciones todavía no había llegado
Ahora es tu momento cariño. Se fuerte, se bondadosa, se
generosa, y sobre todo se muy humilde con el don que has recibido, pues tanto
bien puede hacer como mal si no es bien utilizado. Seras poderosa, aunque ahora
tu don sea tenue, pero crecerá hasta convertirse en un torrente imparable que
deberas aprender a utilizar siempre en beneficio del bien común y aliviar el
dolor de tus semejantes . Nunca en tu propio beneficio. Nunca te aproveches de tus dones. Nunca, recuérdalo.
Es tu don y tu maldición, mi vida. Porque también habrá quien te quiera mal e
intente hacerte daño mientras aun te descubres y aprendes todos nuestros
secretos. Es por ello que debes tener cuidado y ser muy cauta.
Siento no poder contarte esto yo misma, y siento mucho habértelo
ocultado. Pero tenia que ser asi. Te quiero Sara, nunca he querido mentirte
pero no podía ser de otro modo. Espero corazón, que puedas perdonarme. Mi alma
y mi amor, siempre estarán contigo, hasta el fin de los tiempos. Recuerdame,
llamame y yo estare ahí, siempre que me necesites. No lo olvides.
Te lego todo mi cariño y toda la magia que habita en mi , y
que después de que yo me vaya, abandonara mi cuerpo para depositarse en el tuyo.
La gema azul es el símbolo de tu herencia. Llevala siempre contigo. Te protegerá
y te guiara en los momentos de oscuridad.
Ahora es parte de ti, como antes lo fue de mi. Conservala siempre y legala cuando llegue la hora de hacerlo.
Tu abuela que te quiere y siempre lo hara. “
Cuando termine de leer la misiva, un silencioso torrente de
lagrimas se precipitaba por mis mejillas. Jamas, en ninguna de mis conjeturas
acerca de lo que mi abuela se guardaba, imagine todo lo que contenían aquellos párrafos,
ni todo aquello que aun estaría por llegar, y que según mi abuela Sara anunciaba,
pronto seria desvelado. Casi no podía creerlo.
¿Yo, una bruja blanca??? Era imposible, y de manera inverosímil, no lo era. Al
menos si confiaba, que lo hacia ciegamente, en las palabras que mi abuela había
dejado escritas para mi. ¿Qué se suponía
que debía hacer ahora???
-
Bien, ahora ya lo sabes- la voz de mi madre me
sobresalto- Se que la muerte de la abuela ha sido un duro golpe, y que todo lo
que contiene esa carta no lo hace sino aun mas difícil, pero asi ha
sucedido desde tiempos inmemoriales. Nos
hemos ido sucediendo unas a otras y legando nuestros dones a la siguiente generación
de las mujeres de la familia. Solo las
mujeres de la familia. – suspiro y termino diciendo- Se que la echaras de
menos, yo ya lo hago…. Pero su esencia,
su energía, su magia permenecera en ti,
en la gema azul…. Y siempre estará contigo- y de debajo del cuello
vuelto de su jersei broto brillante un pequeño medallón con una gema azul
cobalto idéntico al que descansaba en mi mano… - Todas las mujeres de la
familia que nos han precedido, nos acompañan Sara… Su esencia vive en nosotras,
en nuestra magia, y en la gema azul del medallón. Por eso debes llevarlo contigo, lo protegeras
y el te protegerá. El legado de la
abuela es ahora tu legado y tienes que aprender a hacer buen uso de el para que
su vida y su muerte tengan un sentido completo. Ella se sentía muy orgullosa de
ti y quiso hacerte las cosas tan fáciles como pudo. Es nuestro don, el don de
las mujeres de esta familia, y ahora también es el tuyo.
Aquellas palabras me hicieron sentir consciente de que todo había
cambiado para mi, no solo porque mi abuela ya no estaba , sino porque su muerte
significaba el comienzo de una nueva etapa de mi vida , una etapa desconocida, llena
de interrogantes, de misterios ocultos, de mágicas enseñanzas…. Una etapa tan
maravillosa como terrorífica, en la que el poder de la magia que mi abuela había
depositado en mi , crecería inundándome por completo y me convertiría en una
mujer que todavía yo desconocía, y asi el ciclo se cerraría para comenzar de
nuevo conmigo.
La gema azul cuelga de mi cuello, tan antigua como la magia
que se esconde en ella.
<<El tiempo ha llegado. El ciclo se ha cumplido. El
secreto , ha sido revelado.>>
lunes, 25 de febrero de 2013
UN GOLPE DE SUERTE, RELATO CORTO.
UN GOLPE DE SUERTE.
Sofia estaba un poco preocupada. Desde el día anterior, Sultán no parecía sentirse muy bien, estaba alicaído, no parecía tener ganas de jugar y casi no movía la cola, algo poco habitual en el , porque normalmente era su manera de saludarla o de demostrarle su alegría.
La salita de espera estaba casi vacía, solo un hombre mayor con un transportin a sus pies esperaba su turno. Dentro del pequeño habitáculo parecía haber un gatito que permanecia tranquilo o dormido. La puerta de la consulta se abrió y de ella asomo un hocico húmedo y peludo, y unos ojillos chispeantes y alegres. El perro tiro de la correa que lo sujetaba y finalmente todo su corpachón salio por la puerta blanca, y tras el, que trotaba feliz y contento hacia la salida, apareció la figura de una muchacha jovencita que sonreía satisfecha con los resultados obtenidos.
Sultán y Sofia eran los siguientes. Entraron en la consulta del veterinario y el estado de animo de Sultán cambió. No le gustaba nada que lo toquetearan, pero irremediablemente, siempre se dejaba hacer, aunque solo con entrar, el inteligente animal ya sabia a donde se dirigían y no parecía hacerle mucha gracia. Sofia expuso su preocupación y , después de una serie de preguntas formuladas con la clara intención de ajustar el diagnostico, el veterinario llamo a una auxiliar para que lo ayudase a subir a Sultán a la mesa de examen, tarea algo complicada teniendo en cuenta su tamaño y para lo que Sofia se ofreció, intentando hacer mas fácil la tarea de examinarle.
Sultán tenia tres años y medio, y era un precioso macho de Pastor Alemán que había adoptado de una protectora de animales apenas siendo un cachorro, y desde el momento en que entro en casa y empezó a dormir en su cama, costumbre que todavía conservaba pese a lo grande que era, habían sido inseparables. Sofia lo adoraba. Era un perro enorme y a veces le gustaba jugar duro, pero era cariñoso, tierno, muy protector y mas fiel que su propia sombra. No concebía su vida sin su perro, eso era un hecho irremediable. El animal la completaba a niveles que ningún humano era capaz de entender. Se comprendian únicamente con mirarse, con una especie de conexion que aparecía como una luz en su atenta mirada y llegaba a algún recóndito lugar de su cerebro perruno.
El perro suspiro con conformidad y no hizo falta ponerle el bozal. Respiraba tranquilo, aceptando lo inevitable, y la miraba con languidez, frunciendo el ceño con un deje de tristeza.
Tras un exhaustivo examen en el que el veterinario descarto varias posibilidades, el doctor llego a la conclusión de que el pobre Sultán parecía sufrir una leve indigestión provocada seguramente por algo que había ingerido en alguno de sus paseos por el parque, y por lo que además de someterlo a un corto tratamiento para minimizar las molestias, Sofia debería mantenerlo unos días en observacion, para así quedarse tranquilos. No encontró evidencias de ningún problema mas grave y tras recetarle unas cápsulas que aliviarían las molestias, lo cito de nuevo para visitarlo tras terminar el tratamiento y asegurarse de que todo iba bien.
Tras unas palmaditas en el lomo y frotarle entre las orejas, el perro pareció satisfecho y el veterinario había trabado una nueva amistad. Salieron de la consulta, Sofia tranquila con el diagnostico y el perro, siempre tras ella, dispuesto a volver a casa. Pero cuando se disponían a salir por la puerta que daba a la calle, la puerta blanca de la consulta se abrió de nuevo y una voz la llamo por su nombre.
- Sofia Salinas, espere por favor, olvida la medicacion!!- exclamo la auxiliar asomando la cara y agitando una pequeña cajita blanca en la mano-.
Sofia se dio la vuelta sujetando con una mano la correa de Sultán y con la otra agarrando la manivela de la puerta de salida. Alcanzo a mirar a la mujer que había llamado su atención, pero sin darle tiempo a volver sobre sus pasos,se sintió ceder hacia donde sus ojos estaban mirando sin haber soltado todavía la puerta, provocando que cayera al suelo de lado, dándose un buen golpe en le trasero y haciendo un sonido nada elegante al caer. Todavía murmurando levanto la vista hacia la mano que se tendía hacia ella, con la clara intención de ayudarla a levantarse del suelo de parque en donde había aterrizado. Y se encontró con una mirada divertida y arrepentida que pertenecía a un rostro que trataba por todos los medios de contener una sonrisa.
Sofia no pudo evitar sentirse un poco dolida y malhumorada durante un breve segundo que paso fugaz, hasta que aquella mano firme la alzo con determinación del suelo y aquellos ojos verdes con trazos del color del caramelo que parecían reírse de ella, coincidieron con los suyos, borrando su malestar y provocando que su corazón se saltara un latido y que su estomago se tragase a si mismo. Siempre había sido una chica de buen comer, algo que se evidenciaban sus redondeces, pero....Ah!! Al instante su estomago volvió a su lugar y se sintió aliviada... Gracias a Dios!! Se sentía hambrienta pero aquello era demasiado...
- ¿Estas bien?- la voz cadenciosa que parecía hablarle, la saco de sus inverosímiles cavilaciones...-
Afirmo levemente con la cabeza, saliendo de su trance, mientras Sultán , que se había sentado, parecía dudar acerca de lo que debía hacer con aquel individuo que había atropellado, literalmente, a Sofia con la puerta de salida.
- Esto.. Lo siento. No te vi salir, estaba distraido. - continuo la voz-
Sofia , ya derecha sobre sus pies, se palmeo la ropa, sacudiéndola.
- Eh... No te preocupes... Estoy bien, yo también estaba distraida. - le contesto dudando. En aquel instante Sofia consiguió centrar su atención y se dio cuenta de dos cosas: estaba temblando de la cabeza a los pies y no sabia porque y, tenia frente a ella el que le pareció el hombre mas guapo que jamas hubiera visto. El corazón le dio otro vuelco , y no pudo evitar que como si fueran un reflejo de sus pensamientos, los cachetes de su cara cambiaran su color de un pálido a un rosa chillón. Se sentía avergonzada y todavía no sabia porque. Se miraron durante un segundo que pareció una eternidad y en aquel breve lapso de tiempo, Sofia fue capaz de memorizar algunos detalles del hombre frente a ella. Tenia el pelo oscuro y alborotado, los ojos grandes y profundos, las cejas pobladas y rectas y la nariz proporcionada con el resto del conjunto que formaba su rostro. La boca, todavía conservaba el rictus de la sonrisa que pugnaba por escapar y los labios tenían un aspecto lleno y jugoso, como una fruta madura. Ante este pensamiento , que no sabia de donde había salido, las entrañas de Sofia se apretaron formando un nudo. Alto y de anchos hombros que se adivinaban bajo la ropa, el objeto de sus desvaríos volvió a dejar su voz libre, moviendo sus manos arriba y abajo, que todavía permanecían entrelazadas de un modo evidentemente incomodo.
- Me llamo Alexei. ¿De verdad estas bien?- a lo que ella no pudo mas que responder:- Si... seguro.... Eh, Sofia, mi nombre es Sofia.- contesto todavía presa de un calor que la estaba incomodando mas de lo que debieray tratando de calmar su tembladera por la impresion.-
-De verdad que siento mucho haberte arrollado como un tren de mercancias.... Estaba distraido y empuje la puerta sin mirar, al mismo tiempo que tu intentabas salir... Espero que no te duela el golpe.
-No, no demasiado....- dijo ella tocándose el trasero con disimulo, esperando que no fuera demasiado evidente con que parte de su cuerpo había aterrizado, aunque sabia que obviamente el había sido testigo de su bochornosa caída.- Puedo invitarte a un café, o algo? Para disculparme por ser tan torpe.... Casi te dejo lisiada... - y esta vez, Alexei sonrió abiertamente....- Mi madre tenia un dicho... El que la rompe se la lleva.- y su diversión alboroto sus ojos con una clara motivacion que Sofia no quiso descifrar, aunque aquella ultima frase, dicha no sabia que con que intención, la hizo sonrojar e incomodar hasta la raíz del pelo.
-Eh, bueno, debería irme a casa.... Sultán no se sentía demasiado bien. - intento escabullirse.
- Seguro que un poco de aire fresco le sentara bien...-pregunto rascandole las orejas al perro con la mano que tenia libre.- Que le pasa? Soy uno de los veterinarios y propietarios de la clínica. Joseph y yo somos un equipo. - afirmacion que le sorprendió porque nunca , en todas las veces que había llevado a Sultán al veterinario, lo había visto allí -
- No, bueno, no es nada importante.... Algo que comió y que no hubiera debido comerse... Se le pasara en unos días .
- Entonces??? Tomamos un café y me cuentas sobre...?- insistió Alexei- Sultán.... se llama Sultán- termino Sofia la frase sabiendo lo que le estaba preguntando aunque no hubiera terminado de formular la pregunta.- Esta bien, tomemos ese café. Me vendrá bien para reponerme del golpe y seguro que a Sultán no le importara dar un pequeño paseo , puede que le venga bien para bajar su indigestión.- concluyo ella-.
Alexei finalmente le soltó la mano que hasta ese momento todavía le sujetaba, mientras la auxiliar que había sido testigo del agitado encuentro entre Alexei y Sofia, y que había corrido a socorrerla para después detenerse cuando se dio cuenta de que , evidentemente sobraba en aquella escena , se retiraba por fin hacia la consulta, después de darle a Alexei las cápsulas que Sultán debía tomarse para aliviar sus molestias estomacales, con una sonrisa complice en sus labios y con el siguiente paciente que esperaba, hasta ese momento pacientemente dentro de su transportin, su turno.
En aquel momento, Sofia recordó algo que su madre siempre le decía..... Que las mejores cosas en la vida, ocurren sin esperarlas, con un golpe de suerte. Sonrió por el oportuno pensamiento y salieron juntos a la calle, seguidos por el perro que como siempre , seguía a Sofia allá donde fuera.
-Porque sonríes? Pagaría por saber lo que piensas... - observó Alexei curioso-
- Me estaba acordando de algo que mi madre suele decir a menudo..... No te preocupes, no es nada.
- Bien. Entonces, seguro que estas bien? No te duele nada?? Te has dado un buen golpe!- esta vez no contuvo la sonrisa, genuina, enseñando su blanca e igual dentadura.-
-oh, no, no.... de veras... No ha sido grave...... Ha sido un golpe de suerte.- concluyo Sofia.
Alexei se quedo mirándola sorprendido por la afirmacion, y sin poder contenerse, le paso el pulgar por la mejilla todavía sonrosada. La leve caricia le calentó la entrañas a Sofia, dándole una breve idea de lo que parecía haber empezado a anidar entre ellos dos de manera tan fortuita , como espontánea. Alexei le puso una mano en la espalda, rozando la tela de su chaqueton con un ritmo ascendente y descendente, suave y cadencioso, manteniendo así, un contacto físico que a ambos les afectaba por igual, con la intención de dirigirla hacia la cafetería cercana y con una genuina diversión le contesto:
-Si, definitivamente ha sido un golpe de suerte.
FIN.
miércoles, 2 de enero de 2013
CUENTO DE NAVIDAD: "SEGUNDAS OPORTUNIDADES".
Se que parece que he tenido el blog un poco abandonado... pero ojito!! no lo creáis...jejeje... en todo momento esta en mi mente retomar la novela, pero estos días de Navidad han sido pero que muy muy ajetreados..... Bueno, dicho esto quiero compartir aquí también , aunque este relato ya lo publique en Mi Lugar para el reto de Navidad que llevaba a cabo de la mano del blog Acompañame, porque como dije al principio , este blog es a excepción de algunos casos, únicamente para mis relatos y mis publicaciones, y siendo así, quiero que este cuento de Navidad también tenga su lugar en la web. Así que sin mas, aquí os lo dejo. Espero que os guste. Y Feliz Año a todos!!
SEGUNDAS OPORTUNIDADES
Finos copos de nieve se deslizaban y se posaban unos sobre otros. Rodeado de nieve se encontraba, sintiendo tanto frío que sus dedos había dejado de notarlos hacia ya bastante tiempo, y le parecían ahora pequeños carámbanos congelados. Sus ropas ajadas no le servían de protección frente a las bajas temperaturas, y acurrucado en un rincón, luchaba por mantener el calor en el interior de su cuerpo, que pugnaba por escapar. Si no conseguía refugiarse en algún lugar cerrado, por la mañana lo encontrarían muerto, seguramente congelado como un gorrión. Había cambiado de sitio varias veces en las últimas horas y los transeúntes que iban arriba y abajo por la calle, enfundados hasta las orejas en sus calientes y gruesos abrigos , realizando las últimas compras de Navidad, ni siquiera reparaban en su presencia. Parecían considerarle parte del ornamento de la calle, un elemento más. Ninguna consideración. Nada.
De pronto, unos pequeños pies embutidos en unas botas, se detuvieron a su altura. No llegaba a imaginar qué o cúal , sería el motivo de tan extraño proceder. Puede que estuviera molestando y lo quisieran fueran de allí, del húmedo y estrecho portal en dónde se hallaba sentado...
- No tiene frío?... Qué pregunta más tonta.... ¡¡ Pues claro que tiene frío!! Mírese... Está congelado....- una voz dulce y suave parecía dirigirse directamente a él-.
Ëric levantó su mirada entornando los ojos hacia aquella voz, y le sorprendió lo que encontró. Una mujer joven y bonita, más joven que él mismo, que parecía mayor debido a su atuendo, la suciedad y las malas experiencias, le estaba mirando, esperando su respuesta.
- Señorita, si le molesto.....- empezó a decir-.
- No!! Por favor, no es eso.....No tiene a dónde ir? Quizá un albergue? ¿Un comedor social?
- No. - le contestó Eric, sin dar más explicaciones-.
- Está bien.... Entiendo. - ella pareció pensar un momento y le dijo:- Tiene hambre? Vamos levántese y venga conmigo.. Comeremos algo. Conozco una cafetería cerca de aquí, dónde.... bueno, no nos impedirán la entrada... Conozco al dueño!!
Eric se quedó anonadado bajo la barba sucia que lucía, y bajo las capas de ropa mugrienta que vestían el cuerpo de un hombre maltrecho por la vida y sin suerte. En un primer momento, dudó si debía decirle que lo dejara morir en paz, pero un segundo después su instinto de supervivencia tomó el control y lentamente, empezó a levantarse para seguirla.
- Porqué...? ¿ Porqué hace esto?- quiso saber- Su voz brotaba ronca, más de lo habitual en él, a causa del frío, la humedad y el cansancio.
- Porque es Navidad... No voy a dejar que muera de frío en una noche como la de hoy..... Y no hay más que discutir!! Sígame!!
Y con Eric siguiéndola de cerca, lentamente se dirigieron a la cercana cafetería.
****
- Qué va a ser?- preguntó el camarero sin inflexiones en la voz-.
- Para mi un café con leche, y para .... ¿Cómo se llama?
- Eric, me llamo Eric... Boss- susurró él-.
- Bien , Sr. Boss.... qué le apetece tomar?
Eric, que trataba de recobrarse del frío en el caliente interior de la cafetería, no era ajeno a las miradas encontradas de algunos de los demás clientes.... Y se sintió fuera de lugar.
- Perdóneme señorita... Pero creo que yo no debería estar aquí... Le agradezco su intención , pero no creo necesario que se sienta obligada a soportar mi compañía.....
- Laura. Mi nombre es Laura.- dijo ella ofreciéndole su blanca mano para que se la estrechara- Y nadie me obliga a nada. No se preocupe.... Pronto dejaran de mirarnos... Sólo ignórelos.
- Verá.... -dudó Eric- No sé que pretende con esto, pero no quiero ser su buena acción del día. Así que ... será mejor que me vaya por dónde he venido.
Ella frunció el ceño , mostrando su desacuerdo y no dudó cuando habló.
- Por favor- le dijo- Siéntese y coma. Usted no es mi buena obra del día. Es alguien que necesita que lo ayuden, y eso es lo que pienso hacer. No puedo pasar de largo , ignorando su situación... Por favor.- y sin dudas continuó-: - Llámame tonta e ilusa, piense lo que quiera de mí, pero mi única intención es ayudarle. No soy insensible al sufrimiento y no puedo dejarle como estaba y dejar que se muera de frío.... Puede que no me crea, pero eso es todo....
Eric guardó silencio un momento, pensando en la información que la mujer acababa de ofrecerle. Estaba confuso y no podía creer que por una vez, la suerte le fuera propícia , y un alma caritativa, de entre todas las que circulaban por la calle, se hubiera detenido a ayudarle. Hacía mucho tiempo que había dejado de creer en la buena fe de la gente. Y le costaba creerlo. Vaya si le costaba! Se sentó de nuevo haciendo acopio de fuerzas y dijo:
- Cualquier cosa estará bien.... Gracias.
Laura miró al camarero, que seguía observando la escena sin decir ni una sola palabra y ordenó de nuevo.
- Por favor, Jake, traenos el especial, pan con mantequilla y un batido para el señor Boss, y para mí , el café con leche estará bien..... Que sabor le gusta más?
- Elíjalo usted.... Cualquiera me vale.
- Que sea de chocolate entonces.... Seguro? - dijo mirándolo a él. Al ver que no respondía, dijo:- Sí, de chocolate. Es mi preferido. Espero que le guste. Están muy ricos. Es todo de momento, Jake.... Gracias.
Cuando el camarero apareció un momento después con parte del pedido, Eric comenzó a comer con ansiedad, olvidando sus buenos modales, que en la calle le servían de bien poco y su vergüenza, que tampoco le era de mucha utilidad. Comieron en silencio y al cabo de otro tanto, llegó el especial a su mesa. En todo ese tiempo no cruzaron ni una sola palabra. Laura se limitaba a dar pequeños sorbos de su café y a mirarlo sonriente, feliz al comprobar el apetito que Eric tenía... Ninguno de los dos , se acordó de las miradas extrañadas de los demás ocupantes del acogedor café...
*****
Cuando hubo terminado de cenar, Eric se limpió la cara con la manga de su ajada chaqueta.
-Perdón, es la costumbre. A veces olvido mis modales....- dijo a modo de disculpa-
-No se preocupe.. Lo entiendo.
Se quedaron mirándose el uno al otro por un instante sin saber qué decir.
- Le agradezco mucho lo que ha hecho por mí.- dijo Eric, rompiendo el silencio.
-No tiene nada que agradecer, de verdad. No entiendo como la gente puede pasar de largo ante una situación como la suya....
- No creería lo que la gente puede llegar a hacer y decir...- le rebatió él-.
- Lo sé. Debe ser muy duro vivir en la calle. Puedo preguntar...
- ... cómo llegué ahí?- acabó él-.
-Sí, si no le importa mi curiosidad.
-No me importa, pero es una historia demasiado larga.
Laura parecía observarlo con atención. Su barba oscura, sus sucias ropas, sus manos mugrientas enfundadas en un par de guantes con los dedos cortados.. Era un mendigo, y parecía estar sopesando una decisión.
- Tiene a dónde ir?- le preguntó-
- No, si lo hubiera tenido no hubiera estado donde estaba... no le parece?
- Tiene razón, perdóneme.
- No hay nada que perdonar. Y por favor, no me trate de usted, llámeme por mi nombre, Eric. Me hace sentir mas viejo de lo que ya me siento.
- Está bien, Eric.- continuó- Esta noche puede quedarse en mi casa, mañana veremos que hacer.
Aquello lo sorprendió muchísimo, tanto que casi lo dejó sin habla.
- No tiene miedo de mí? De qué pueda....? Quiero decir, soy un extraño- obviamente- Podría ser un psicópata y usted no tiene manera de saberlo. No debería meter extraños en su casa....
- No me hables de usted tampoco. Fuiste tú quién quiso que lo tuteara... Llámame Laura, y sí, sé lo que quieres decir y puede ser.... Pero estoy segura de que no me harás daño, así que creo que puedo confiar en tí. Espero no equivocarme. Ni siquiera querías quedarte....
- Pero, el que no quisiera quedarme no significa que sea de fiar... No sabes quien soy, ni a quién estás invitando a entrar en tu casa... - insistió Eric-
- No, que no quisieras quedarte no significa que pueda confiar en ti.... Pero ésta conversación , sí.
*******
Con la decisión tomada para bien o para mal, Laura seguida de Eric, se encaminó a su casa, apretada en su abrigo de paño negro y sumergida en su bufanda de lana, su gorrito y sus guantes suaves. Sabía que hacía lo correcto, pero también sabía que sería el blanco de murmuraciones que poco le importaban..... ¡¡Que diría su madre si lo supiera!! No quería ni pensarlo.
********
Veinte minutos más tarde y casi sin cruzar una palabra, llegaron a casa. Laura abrió la puerta y lo invitó a pasar dentro. Eric la siguió dubitativo, sin saber lo qué esperar. Hacía mucho tiempo que no pisaba el suelo de un verdadero hogar, aunque no fuese el suyo. Una de las primeras cosas que vió fue un pequeño arbolito de Navidad, adornado con brillantes y alegres bolitas, doradas estrellas y rojas y pequeñas botas... Un símbolo de todo en cuánto él, ya no creía.
- Bien...- empezó a decir Laura- Supongo que te gustaría asearte un poco..... Creo que tengo ropa de mi hermano que podrá servirte... Espera un momento, ahora vuelvo.
Y lo dejó allí, en medio del saloncito, incómodo y sin saber siquiera si sentarse, por miedo a ensuciar su precioso sofá o quedarse de pie. Optó por lo segundo. Al cabo de un momento, Laura apareció de nuevo con ropa en las manos y se la tendió para que la cogiera.
- Toma... Ésto es lo que tengo. No puedo ofrecerte nada más. Lo siento. Hay algo de ropa de Frank en el armario, pero no tengo zapatos, aunque no sé si los suyos te servirían.... -dudó- A veces se deja algo de ropa cuando viene a visitarme. No creo que le importe si te la presto.
- No te preocupes. No necesito nada más. Con esto es suficiente. Gracias- le agradeció Eric casi sin levantar la vista del suelo- Porqué? - soltó de pronto-.
-Porqué, qué?- quiso saber ella-
-Ya sabes, porqué lo haces?
-Ya te lo he dicho.... Es Navidad, y no creo que nadie merezca vivir en la calle y más con este frío y esta nieve.... És lo menos que puedo hacer. No te preocupes.- y continuó hablando como si hablase para ella- La vida en la calle no debe ser fácil.... Y me parece que todos deberíamos hacer lo que podamos cuando vemos que alguien lo esta pasando mal. Mal no, peor. Dejémoslo, vale? Ya te he dicho que no tienes nada de qué preocuparte. Mañana hablaremos y veremos que podemos hacer. Mientras tanto, tómate una ducha y aséate. Luego nos iremos a dormir, que nos vendrá bien a los dos.
Y con una sonrisa le indicó dónde estaba el baño y lo dejó solo mientras ella hacía otro tanto en su habitación, y se ponía además a buscar una manta y una almohada para que su invitado sorpresa pasara la noche.
*********
Cuando se hubo duchado y aseado, Eric se sintió un hombre renovado. No se había afeitado, la barba le picaba pero se conformaba con la tremenda suerte que había tenido y aún no podía creerse... Sí, le daba vueltas a todo y era imposible creer que todavía quedara buena gente en el mundo y él hubiera tenido la fortuna de encontrarse con una de esas personas... Casi le parecía un milagro. Aunque hacía ya tiempo que no creía en los milagros.... Salió vestido ya, con una camiseta de algodón gris y unos pantalones de chándal azules, descalzo y con el pelo húmedo todavía, peinado hacia atrás. La cena y la ducha lo habían rejuvenecido. Volvía a tener treinta y cinco años, no cincuenta y cinco que solía aparentar. Era increíble lo que podía lograr un buen baño y tener el estómago lleno. En ése momento , Laura que parecía haberle oído, salió con una blanca almohada y una manta de cuadros que le tendió para que cogiera.
- Bueno.. pareces otra persona, sin querer ofenderte- sonrió satisfecha- Puedes dormir en el sofá esta noche.
- Gracias otra vez- Eric sonrió y cogió lo que le ofrecía- El sofá tiene pinta de ser muy cómodo. Mucho mejor que el suelo- volvió a sonreir con la mirada azul brillante y formándose pequeñas arruguitas alrededor de sus ojos-
- Vaya, vaya... Al fin sonríes. - Laura cruzó los brazos sobre su pecho- Me alegro mucho de saber que estás más tranquilo. Pensaba que no confiabas en mí.
- No es que no .... - suspiró-. La calle te vuelve desconfiado. Si no desconfías , no sobrevives. - Y continuó hablando un poco sorprendido- De todos modos, eres tú la que no debería confiar en un extraño... Ya te lo dije, puede ser peligroso.
Laura suspiró cansada y se dió media vuelta sin decir nada más. Y cuando parecía que iba a entrar de nuevo en la habitación, giró la cabeza balanceando su oscura cabellera y le dijo:
- No me preguntes porqué, pero sé que puedo confiar en tí. Sé que no me harás daño. Pareces buena persona. Una buena persona con mala suerte . Mañana hablaremos sobre lo qué podemos hacer y las opciones que tenemos. Ahora me voy a la cama- sus ojos oscuros brillaban con una sonrisa escondida. Estoy cansada.
- Tenemos?- repitió Eric- Qué quieres decir con "tenemos"?
- Esta noche has cenado, te has duchado, te has cambiado la ropa y tienes un sitio caliente donde dormir... Quieres volver a la calle mañana? No, creo que no, ¿verdad?
Eric no respondió. Sólo se quedó mirándola con ojos atentos y mirada agradecida.
- Eso creía yo..... Mañana.
Y con ésto abrió la puerta del dormitorio y desapareció en el interior, dejándolo para que él también pudiera descansar .
*********
A la mañana siguiente, el sueño reparador sumado a la cena y a la ducha había obrado un verdadero milagro. Cuando Laura se encontró con Eric en el salón, esperándola sin saber qué hacer, se encontró con un hombre joven , aún con barba, con el pelo oscuro alboratado de dormir, la mirada azul limpia y con un brillo de esperanza en los ojos , que había empezado a anidar en él, aún sin saberlo. Desayunaron casi en silencio, entre sonrisas escondidas, y cuando terminaron, conversaron acerca de la situación de Eric. Él no podía creer que hubiera comido dos veces en menos de diez horas..... Era sorprendente.
Laura le ofreció la posibilidad de buscar un trabajo e incluso de prestarle algo de dinero para que pudiera vivir mientras tanto, pero Eric se negó a aceptarlo. Estuvo de acuerdo en que sería estupendo encontrar un empleo, pero no quiso aceptar el dinero . Frente a ésto, Laura le ofreció quedarse con ella unos días más, y se negó en rotundo a que Eric desechara también esa opción. Así que hablaron y hablaron, discutieron todo, y sin darse cuenta transcurrió media mañana, y Eric no tuvo más remedio que acabar aceptando la ayuda que Laura le ofrecía. Acordaron que empezarían por el empleo y luego buscarían un alojamiento que Eric pudiera pagar de su sueldo. Y así sin más, empezó la búsqueda de las segundas oportunidades.
**********
La vida fué extraña durante aquellos días. Habían transcurrido apenas tres semanas y Eric había conseguido un empleo de jardinero. Se le daban bien las plantas. Las cuidaba con esmero y mimo , y parecía entender las necesidades que cada una tenía. Le gustaba su trabajo, y su sueldo, aunque no muy elevado, le permitía vivir sin apuro. Aquello sí podía llamarlo milagro. Había empezado a creer. A creer de nuevo, en la fé, en la suerte, en las buenas personas, Laura se lo había demostrado y también en el amor. Sí , en el amor. También Laura era la responsable de ello. En las últimas semanas, habían pasado de ser dos completos extraños, a mantener conversaciones cómplices y confiadas, entre miradas alegres y sonrisas iluminadas. No creía que ella sintiera lo mismo que él. Ni siquiera se planteaba la posibilidad. Pero no podía evitar lo que había empezado a sentir. Y no pensaba decírselo a ella. No. Era imposible. No quería asustarla y que pensase lo peor de él. Se merecia su respeto más que cualquier otra persona. Se lo guardaría para si mismo, y seguirían siendo buenos amigos. Porque después de lo que Laura había hecho por él, éso era lo que eran, buenos amigos. Nada más. Aunque se muriera de ganas de acariciar su pelo, aunque se muriera de ganas de abrazarla fuerte, aunque su pecho se expandiera, cada vez que ella entraba en una habitación... Aunque su ansiedad por besarla fuera tan grande, como la soledad que había dejado atrás. Porque ya no estaba solo. Ni muerto de hambre y de frío. Ahora la tenia a ella, de un modo u otro, sabía que podía contar con ella. Ella era su sol, su esperanza, su impulso. Ella, que se había parado frente a él, sucio mendigo del que todos se apartaban, y le había ofrecido su ayuda y su amistad, para encontrar un nuevo camino. Ella era su milagro de Navidad. Casi no podía creer en su suerte.
************
Laura no sabía cómo se seníia. Eric había conseguido un empleo y había llegado el momento de buscar un nuevo alojamiento. Pero ése era el problema. Qué no sabía si quería que Eric se fuera. Sí, parecía increíble y fuera de lugar. Hasta hacía apenas tres semanas, era un desconocido, un mendigo de la calle, alguien a quién había ofrecido su ayuda. Había pasado de ser una acción solidaria, a un amigo, y de un amigo, a un compañero, en un instante tan rápido, que casi no se había ni dado cuenta. Hasta ahora. No sabía cómo, Eric había ido avanzando poco a poco, ganándose su confianza primero, su respeto después, cuando le contó cómo había llegado a vivir en la calle, entre cartones y bolsas, y su cariño hacia él , había ido creciendo y creciendo, a lo largo de los días, hasta alcanzar cotas inimaginables para ella. Lo amaba, pero no iba a decírselo. No quería que pensara lo peor de ella. Que creyera que quería cobrarle el favor. Se sentia confusa, pero al mismo tiempo, no podía ignorar lo que sentia. Nunca se había sentido así. Eric era un hombre guapo, aunque la primera vez que lo vió, acurrucado en el portal, hubiera jurado que tenía veinte años más, de los que en realidad contaba. Ahora, con el paso de los días, su barba había desparecido, dejando tras ella, la imagen de un hombre joven, atractivo, de mirada azul y limpia, boca llena y labios sugerentes, y dispuesto a empezar de nuevo. Pero sin ella. Le dolía sólo pensarlo. Pensar el modo en que lo había conocido.... Las vueltas de la vida eran un pozo de sorpresas inesperadas.
*********
Y llegó el día de las despedidas. De momento, Eric iba a quedarse en una pensión bastante acogedora, aunque no tanto como el apartamenteo de Laura. Alli se sentía como en casa. Había sido su primer hogar después de vivir casi tres años en la calle, dando tumbos de un lugar a otro, sin trabajo y sin futuro. Hasta que la conoció a ella. Su milagro. Así es como la llamaba y como la llamaría siempre.
Casi no llevaba equipaje. En una bolsa de deporte, había puesto sus escasas pertenencias, casi todas las cuales, incluyendo su futuro y sus nuevas esperanzas, se las había regalado ella. Ella. Su ángel. Su milagro de Navidad.
- Bien- se acercó a Laura dubitativo.- No sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí.... Siempre te estaré agradecido.
- No tienes que darme las gracias Eric. Ya lo sabes..... - susurró Laura. Lo hubiera hecho por cualquiera.
"Aunque sólo te quiero a ti"- pensó ella triste.
- Laura , yo.... - Eric se calló, a tiempo de guardar su secreto-
- Qué?
- Yo... nada. Lo siento.- mirándola a los ojos y hablándole con la mirada, contando todo aquello que sus labios callaban-
- No hay nada que sentir. Espero que te vaya muy bien. Suerte!!- susurró, fingiendo una alegría que distaba mucho de sentir- Y espero que te acuerdes de llamarme, o venir a visitarme... y contarme qué tal te va.... Y si necesitas algo , ya sabes donde encontrarme...
Él la miró agradecido, con tanto amor en su mirada que por un instante, a Laura se le calentó el corazón. Lentamente, se agachó hacia su cara y con lentitud, depositó un suave beso en su mejilla. "Cuídate"- le dijo al oído, como un soplo de aire. Y pasó por su lado, dirigiéndose hacia la puerta, con pasos decididos y firmes, aparentando una seguridad que no sentia, en busca de su camino.
Laura se dió la vuelta antes de que Eric alcanzara la puerta, y exclamó sin poder contenerse:
- Eric , quédate!!!- y lo miró asustada, anhelante, esperando su reacción. - Quédate... conmigo... si quieres....
Eric dejó caer la bolsa que sujetaba en la mano, y avanzó hacia Laura con esperanzas renovadas y el corazón expandido. Y sin pensarlo ni un minuto más, alcanzó sus labios invitadores y la besó con infinita ternura....
Había encontrado su camino. Ella era su camino. Su ángel. Su milagro de Navidad.
FIN.
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