lunes, 25 de febrero de 2013

UN GOLPE DE SUERTE, RELATO CORTO.



  UN GOLPE DE SUERTE.


Sofia estaba un poco preocupada. Desde el día anterior, Sultán no parecía sentirse muy bien, estaba alicaído, no parecía tener ganas de jugar y casi no movía la cola, algo poco habitual en el , porque normalmente era su manera de saludarla o de demostrarle su alegría. 
La salita de espera estaba casi vacía, solo un hombre mayor con un transportin a sus pies esperaba su turno. Dentro del pequeño habitáculo parecía haber un gatito que permanecia tranquilo o dormido. La puerta de la consulta se abrió y de ella asomo un hocico húmedo y peludo, y unos ojillos chispeantes y alegres. El perro tiro de la correa que lo sujetaba y finalmente todo su corpachón salio por la puerta blanca, y tras el, que trotaba feliz y contento hacia la salida, apareció la figura de una muchacha jovencita que sonreía satisfecha con los resultados obtenidos.
Sultán y Sofia eran los siguientes. Entraron en la consulta del veterinario y el estado de animo de Sultán cambió. No le gustaba nada que lo toquetearan, pero irremediablemente, siempre se dejaba hacer, aunque solo con entrar, el inteligente animal ya sabia a donde se dirigían y no parecía hacerle mucha gracia. Sofia expuso su preocupación y , después de una serie de preguntas formuladas con la clara intención de ajustar el diagnostico, el veterinario llamo a una auxiliar para que lo ayudase a subir a Sultán a la mesa de examen, tarea algo complicada teniendo en cuenta su tamaño y para lo que Sofia se ofreció, intentando hacer mas fácil la tarea de examinarle.
Sultán tenia tres años y medio, y era un precioso macho de Pastor Alemán que había adoptado de una protectora de animales apenas siendo un cachorro, y desde el momento en que entro en casa  y empezó a dormir en su cama, costumbre que todavía conservaba pese a lo grande que era, habían sido inseparables. Sofia lo adoraba. Era un perro enorme y a veces le gustaba jugar duro, pero era cariñoso, tierno, muy protector y mas fiel que su propia sombra. No concebía su vida sin su perro, eso era un hecho irremediable. El animal la completaba a niveles que ningún humano era capaz de entender. Se comprendian únicamente con mirarse, con una especie de conexion que aparecía como una luz en su atenta mirada y llegaba a algún recóndito lugar de su cerebro perruno. 
El perro suspiro con conformidad  y no hizo falta ponerle el bozal. Respiraba tranquilo, aceptando lo inevitable, y la miraba con languidez, frunciendo el ceño con un deje de tristeza. 
Tras un exhaustivo examen en el que el veterinario descarto varias posibilidades, el doctor llego a la conclusión de que el pobre Sultán parecía sufrir una leve indigestión provocada seguramente por algo que había ingerido en alguno de sus paseos por el parque, y por lo que además de someterlo a un corto tratamiento para minimizar las molestias,  Sofia debería mantenerlo unos días en observacion, para así quedarse tranquilos. No encontró evidencias de ningún problema mas grave y tras recetarle unas cápsulas que aliviarían las molestias, lo cito de nuevo para visitarlo tras terminar el tratamiento y asegurarse de que todo iba bien. 
Tras unas palmaditas en el lomo y frotarle entre  las orejas, el perro pareció satisfecho y el veterinario había trabado una nueva amistad.  Salieron de la consulta, Sofia tranquila con el diagnostico y el perro, siempre tras ella, dispuesto a volver a casa. Pero cuando se disponían a salir por la puerta que daba a la calle, la puerta blanca de la consulta se abrió de nuevo y una voz la llamo por su nombre.

- Sofia Salinas, espere por favor, olvida la medicacion!!- exclamo la auxiliar asomando la cara y agitando una pequeña cajita blanca en la mano-.

Sofia se dio la vuelta sujetando con una mano la correa de Sultán y con la otra agarrando la manivela de la puerta de salida. Alcanzo a mirar a la mujer que había llamado su atención, pero sin darle tiempo a volver sobre sus pasos,se sintió ceder hacia donde sus ojos estaban mirando sin haber soltado todavía la puerta, provocando  que cayera al suelo de lado, dándose un buen golpe en le trasero y haciendo un sonido nada elegante al caer. Todavía murmurando levanto la vista hacia la mano que se tendía hacia ella, con la clara intención de ayudarla a levantarse del suelo de parque en donde había aterrizado. Y se encontró con una mirada divertida y arrepentida que pertenecía a un rostro que trataba por todos los medios de contener una sonrisa. 
Sofia  no pudo evitar sentirse un poco dolida y malhumorada durante un breve segundo que paso fugaz, hasta que aquella mano firme la alzo con determinación del suelo y aquellos ojos verdes con trazos del color del caramelo que parecían reírse de ella, coincidieron con los suyos, borrando su malestar y provocando que su corazón se saltara un latido y que su estomago se tragase a si mismo. Siempre había sido una chica de buen comer, algo que se  evidenciaban sus redondeces, pero....Ah!! Al instante su estomago volvió a su lugar y se sintió aliviada... Gracias a Dios!! Se sentía hambrienta pero aquello era demasiado... 

- ¿Estas bien?- la voz cadenciosa que parecía hablarle, la saco de sus inverosímiles cavilaciones...-

Afirmo levemente con la cabeza, saliendo de su trance, mientras Sultán , que se había sentado, parecía dudar acerca de lo que debía hacer con aquel individuo que había atropellado, literalmente, a Sofia con la puerta de salida.

- Esto.. Lo siento. No te vi salir, estaba distraido. - continuo la voz-

Sofia , ya derecha sobre sus pies, se palmeo la ropa, sacudiéndola.

- Eh... No te preocupes... Estoy bien, yo también estaba distraida. - le contesto dudando. En aquel instante Sofia consiguió centrar su atención y se dio cuenta de dos cosas: estaba temblando de la cabeza a los pies  y no sabia porque y, tenia frente a ella el que le pareció el hombre mas guapo que jamas hubiera visto. El corazón le dio otro vuelco , y no pudo evitar que como si fueran un reflejo de sus pensamientos, los cachetes de su cara  cambiaran su color de un pálido a un rosa chillón. Se sentía avergonzada y todavía no sabia porque.  Se miraron durante un segundo que pareció una eternidad y en aquel breve lapso de tiempo, Sofia fue capaz de memorizar algunos detalles del hombre frente a ella. Tenia el pelo oscuro y alborotado, los ojos grandes y profundos,  las cejas pobladas y rectas y la nariz proporcionada con el resto del conjunto que formaba su rostro. La boca, todavía conservaba el rictus de la sonrisa que pugnaba por escapar y los labios tenían un aspecto lleno y jugoso, como una fruta madura. Ante este pensamiento , que no sabia de donde había salido, las entrañas de Sofia se apretaron formando un nudo. Alto y de anchos hombros que se adivinaban bajo la ropa, el objeto de sus desvaríos volvió a dejar su voz libre, moviendo sus manos arriba y abajo, que todavía permanecían entrelazadas de un modo evidentemente incomodo.

- Me llamo Alexei. ¿De verdad estas bien?- a lo que ella no pudo mas que responder:- Si... seguro.... Eh, Sofia, mi nombre es Sofia.- contesto todavía presa de un calor que la estaba incomodando mas de lo que debieray tratando de calmar su tembladera por la impresion.-
-De verdad que siento mucho haberte arrollado como un tren de mercancias.... Estaba distraido y empuje la puerta sin mirar, al mismo tiempo que tu intentabas salir... Espero que no te duela el golpe.
-No, no demasiado....- dijo ella tocándose el trasero con disimulo, esperando que no fuera demasiado evidente con que parte de su cuerpo había aterrizado, aunque sabia que obviamente el había sido testigo de su bochornosa caída.- Puedo invitarte a un café, o algo? Para disculparme por  ser tan torpe.... Casi te dejo lisiada... - y esta vez, Alexei sonrió abiertamente....-  Mi madre tenia un dicho... El que la rompe se la lleva.- y su diversión alboroto sus ojos con una clara motivacion que Sofia no quiso descifrar, aunque aquella ultima frase, dicha no sabia que con que intención, la hizo sonrojar e incomodar hasta la raíz del pelo.

-Eh, bueno, debería irme a casa.... Sultán no se sentía demasiado bien. - intento escabullirse.
- Seguro que un poco de aire fresco le sentara bien...-pregunto rascandole las orejas al perro con la mano que tenia libre.- Que le pasa? Soy uno de los veterinarios y propietarios de la clínica. Joseph y yo somos un equipo. - afirmacion que le sorprendió porque nunca , en todas las veces que había llevado a Sultán al veterinario, lo había visto allí -
- No, bueno, no es nada importante.... Algo que comió y que no hubiera debido comerse... Se le pasara en unos días . 
- Entonces??? Tomamos un café y me cuentas sobre...?- insistió Alexei- Sultán.... se llama Sultán- termino Sofia la frase sabiendo lo que le estaba preguntando aunque no hubiera terminado  de formular la pregunta.- Esta bien, tomemos ese café. Me vendrá bien para reponerme del golpe y seguro que a Sultán no le importara dar un pequeño paseo , puede que le venga bien para bajar su indigestión.- concluyo ella-. 

Alexei finalmente le soltó la mano que hasta ese momento todavía le sujetaba, mientras la auxiliar que había sido testigo del agitado encuentro entre Alexei y Sofia, y que había corrido a socorrerla para después detenerse cuando se  dio cuenta de que , evidentemente sobraba en aquella escena , se retiraba por fin hacia la consulta, después de darle a Alexei las cápsulas que Sultán debía tomarse para aliviar sus molestias estomacales, con una sonrisa complice en sus labios y con el siguiente paciente que esperaba, hasta ese momento pacientemente dentro de su transportin, su turno.
En aquel momento, Sofia recordó algo que su madre siempre le decía..... Que las mejores cosas en la vida, ocurren sin esperarlas, con un golpe de suerte. Sonrió  por el oportuno pensamiento y salieron juntos a la calle, seguidos por el perro que como siempre , seguía a Sofia allá donde fuera.

-Porque sonríes? Pagaría por saber lo que piensas... - observó Alexei curioso-
- Me estaba acordando de algo que mi madre suele decir a menudo..... No te preocupes, no es nada.
- Bien. Entonces, seguro que estas bien? No te duele nada?? Te has dado un buen golpe!- esta vez no contuvo la sonrisa, genuina, enseñando su blanca e igual dentadura.-
-oh, no, no.... de veras... No ha sido grave...... Ha sido un golpe de suerte.- concluyo Sofia.

Alexei se quedo mirándola sorprendido por la afirmacion, y sin poder contenerse, le paso el pulgar por la mejilla todavía sonrosada. La leve caricia le calentó la entrañas a Sofia, dándole una breve idea de lo que parecía haber empezado a anidar entre ellos dos de manera tan fortuita , como  espontánea. Alexei le puso una mano en la espalda, rozando la tela de su chaqueton con un ritmo ascendente y descendente, suave y cadencioso, manteniendo así, un contacto físico que a ambos les afectaba por igual, con la intención de dirigirla hacia la cafetería cercana  y con una genuina diversión le contesto:

-Si, definitivamente ha sido un golpe de suerte.



FIN.

miércoles, 2 de enero de 2013

CUENTO DE NAVIDAD: "SEGUNDAS OPORTUNIDADES".

Se que parece que he tenido el blog un poco abandonado... pero ojito!!  no lo creáis...jejeje... en todo momento esta en mi mente retomar la novela, pero estos días de Navidad han sido pero que muy muy ajetreados..... Bueno, dicho esto quiero compartir aquí también , aunque este relato ya lo publique en Mi Lugar para el reto de Navidad que llevaba a cabo de la mano del blog Acompañame, porque como dije al principio , este blog es a excepción de algunos casos, únicamente para mis relatos y mis publicaciones, y siendo así, quiero que este cuento de Navidad también tenga su lugar en la web. Así que sin mas, aquí os lo dejo. Espero que os guste. Y Feliz Año a todos!!



SEGUNDAS OPORTUNIDADES



Finos copos de nieve se deslizaban y se posaban unos sobre otros. Rodeado de nieve se encontraba, sintiendo tanto frío que sus dedos había dejado de notarlos hacia ya bastante tiempo, y le parecían ahora pequeños carámbanos congelados. Sus ropas ajadas no le servían de protección frente a las bajas temperaturas, y acurrucado en un rincón, luchaba por mantener el calor en el interior de su cuerpo, que pugnaba por escapar. Si no conseguía refugiarse en algún lugar cerrado, por la mañana lo encontrarían muerto, seguramente congelado como un gorrión. Había cambiado de sitio varias veces en las últimas horas y los transeúntes que iban arriba y abajo por la calle, enfundados hasta las orejas en sus calientes y gruesos abrigos , realizando las últimas compras de Navidad, ni siquiera reparaban en su presencia. Parecían considerarle parte del ornamento de la calle, un elemento más. Ninguna consideración. Nada.

De pronto, unos pequeños pies embutidos en unas botas, se detuvieron a su altura. No llegaba a imaginar qué o cúal , sería el motivo de tan extraño proceder. Puede que estuviera molestando y lo quisieran fueran de allí, del húmedo y estrecho portal  en dónde se hallaba sentado...

- No tiene frío?... Qué pregunta más tonta.... ¡¡ Pues claro que tiene frío!!  Mírese... Está congelado....- una voz dulce y suave parecía dirigirse directamente a él-.

Ëric levantó su mirada entornando los ojos hacia aquella voz, y le sorprendió lo que encontró. Una mujer joven y bonita, más joven que él mismo, que parecía mayor debido a su atuendo, la suciedad y las malas experiencias, le estaba mirando, esperando su respuesta.

- Señorita, si le molesto.....- empezó a decir-.
- No!!  Por favor, no es eso.....No tiene a dónde ir? Quizá un albergue? ¿Un comedor social?
- No. - le contestó Eric, sin dar más explicaciones-.
- Está bien.... Entiendo. - ella pareció pensar un momento y le dijo:- Tiene hambre? Vamos levántese y venga conmigo.. Comeremos algo. Conozco una cafetería cerca de aquí, dónde.... bueno, no nos impedirán la entrada... Conozco al dueño!!

Eric se quedó anonadado bajo la barba sucia que lucía, y bajo las capas de ropa mugrienta que vestían el cuerpo de un hombre maltrecho por la vida y sin suerte. En un primer momento, dudó si debía decirle que lo dejara morir en paz, pero un segundo después su instinto de supervivencia tomó el control y lentamente, empezó a levantarse para seguirla.

- Porqué...? ¿ Porqué hace esto?- quiso saber- Su voz brotaba ronca, más de lo habitual en él, a causa del frío, la humedad y el cansancio.
- Porque es Navidad... No voy a dejar que muera de frío en una noche como la de hoy..... Y no hay más que discutir!!  Sígame!!

Y con Eric siguiéndola de cerca, lentamente se dirigieron a la cercana cafetería.

                                                     ****

- Qué va a ser?- preguntó el camarero sin inflexiones en la voz-.
- Para mi un café con leche, y para .... ¿Cómo se llama?
- Eric, me llamo Eric... Boss- susurró él-.
- Bien , Sr. Boss.... qué le apetece tomar?

Eric, que trataba de recobrarse del frío en el caliente interior de la cafetería, no era ajeno a las miradas encontradas de algunos de los demás clientes.... Y se sintió fuera de lugar.

- Perdóneme señorita... Pero creo que yo no debería estar aquí... Le agradezco su intención , pero no creo necesario que se sienta obligada a soportar mi compañía.....
- Laura. Mi nombre es Laura.- dijo ella ofreciéndole su  blanca mano para que se la estrechara- Y nadie me obliga a nada. No se preocupe.... Pronto dejaran de mirarnos... Sólo ignórelos.
- Verá.... -dudó Eric- No sé que pretende con esto, pero no quiero ser su buena acción del día. Así que ... será mejor que me vaya por dónde he venido. 

Ella frunció el ceño , mostrando su desacuerdo y no dudó cuando habló.

- Por favor- le dijo- Siéntese y coma. Usted no es mi buena obra del día. Es alguien que necesita que lo ayuden, y eso es lo que pienso hacer. No puedo pasar de largo , ignorando su situación... Por favor.- y sin dudas continuó-: - Llámame tonta e ilusa, piense lo que quiera de mí, pero mi única intención es ayudarle. No soy insensible al sufrimiento y no puedo dejarle como estaba y dejar que se muera de frío.... Puede que no me crea, pero eso es todo....

Eric guardó silencio un momento, pensando en la información que la mujer acababa de ofrecerle. Estaba confuso y no podía creer que por una vez, la suerte le fuera propícia , y un alma caritativa, de entre todas las que circulaban por la calle, se hubiera detenido a ayudarle. Hacía mucho tiempo que había dejado de creer en la buena fe de la gente. Y le costaba creerlo. Vaya si le costaba! Se sentó de nuevo haciendo acopio de fuerzas y dijo:

- Cualquier cosa estará bien.... Gracias.

Laura miró al camarero, que seguía observando la escena sin decir ni una sola palabra y ordenó de nuevo. 

- Por favor, Jake, traenos el especial, pan con mantequilla y un batido para el señor Boss, y para mí , el café con leche estará bien..... Que sabor le gusta más?

- Elíjalo usted.... Cualquiera me vale.
- Que sea de chocolate entonces.... Seguro? - dijo mirándolo a él. Al ver que no respondía, dijo:- Sí, de chocolate. Es mi preferido. Espero que le guste. Están muy ricos. Es todo de momento, Jake.... Gracias.

Cuando el camarero  apareció un momento después con parte del pedido, Eric comenzó a comer con ansiedad, olvidando sus buenos modales, que en la calle le servían de bien poco y su vergüenza, que tampoco le era de mucha utilidad. Comieron en silencio y al cabo de otro tanto, llegó el especial a su mesa. En todo ese tiempo no  cruzaron ni una sola palabra. Laura se limitaba a dar pequeños sorbos de su café y a mirarlo sonriente, feliz al comprobar el apetito que Eric tenía... Ninguno de los dos , se acordó de las miradas extrañadas de los demás ocupantes del acogedor  café...

                                                               *****

Cuando hubo terminado de cenar, Eric se limpió la cara con la manga de su ajada chaqueta. 

-Perdón, es la costumbre. A veces olvido mis modales....- dijo a modo de disculpa-
-No se preocupe.. Lo entiendo.

Se quedaron mirándose el uno al otro por un instante sin saber qué decir.

- Le agradezco mucho lo que ha hecho por mí.- dijo Eric, rompiendo el silencio.
-No tiene nada que agradecer, de verdad. No entiendo como la gente puede pasar de largo ante una situación como la suya.... 
- No creería lo que la gente puede llegar a hacer y decir...- le rebatió él-.
- Lo sé. Debe ser muy duro vivir en la calle. Puedo preguntar...
- ... cómo llegué ahí?- acabó él-.
-Sí, si no le importa mi curiosidad.
-No me importa, pero es una historia demasiado larga.

Laura parecía observarlo con atención. Su barba oscura, sus sucias ropas, sus manos mugrientas enfundadas en un  par de guantes con los dedos cortados.. Era un mendigo, y parecía estar sopesando una decisión.

- Tiene a dónde ir?- le preguntó-
- No, si lo hubiera tenido no hubiera estado donde estaba... no le parece?
- Tiene razón, perdóneme.
- No hay nada que perdonar. Y por favor, no me trate de usted, llámeme por mi nombre, Eric. Me hace sentir mas viejo de lo que ya me siento.
- Está bien, Eric.- continuó- Esta noche puede quedarse en mi casa, mañana veremos que hacer.

Aquello lo sorprendió muchísimo, tanto que casi lo dejó sin habla.

- No tiene miedo de mí? De qué pueda....? Quiero decir, soy  un extraño- obviamente- Podría ser un psicópata y usted no tiene manera de saberlo. No debería meter extraños en su casa.... 
- No me hables de usted tampoco. Fuiste tú quién quiso que lo tuteara... Llámame Laura, y sí, sé lo que quieres decir y puede ser.... Pero estoy segura de que no me harás daño, así que creo que puedo confiar en tí. Espero no equivocarme. Ni siquiera querías quedarte....
- Pero, el que no quisiera quedarme no significa que sea de fiar... No sabes quien soy, ni a quién estás invitando a entrar en tu casa... - insistió Eric-
- No, que no quisieras quedarte no significa que pueda confiar en ti.... Pero ésta conversación , sí.

                                                            *******

Con la decisión tomada para bien o para mal, Laura seguida de Eric, se encaminó a su casa, apretada en su abrigo de paño negro y sumergida en su bufanda de lana, su gorrito y sus guantes suaves. Sabía que hacía lo correcto, pero también sabía que sería el blanco de murmuraciones que poco le importaban..... ¡¡Que diría su madre si lo supiera!!  No quería ni pensarlo.

                                                          ********

Veinte minutos más tarde y casi sin cruzar una palabra, llegaron a casa. Laura abrió la puerta y lo invitó a pasar dentro. Eric la siguió dubitativo, sin saber lo qué esperar. Hacía mucho tiempo que no pisaba el suelo de un verdadero hogar, aunque no fuese el suyo.  Una de las primeras cosas que vió fue un pequeño arbolito de Navidad, adornado con brillantes y alegres bolitas, doradas estrellas y rojas y pequeñas botas... Un símbolo de todo en cuánto él, ya no creía. 

- Bien...- empezó a decir Laura- Supongo que te gustaría asearte un poco..... Creo que tengo ropa de mi hermano que podrá servirte... Espera un momento, ahora vuelvo.

Y lo dejó allí, en medio del saloncito, incómodo y sin saber siquiera si sentarse, por miedo a ensuciar su precioso sofá o quedarse de pie. Optó por lo segundo. Al cabo de un momento, Laura apareció de nuevo con ropa en las manos y se la tendió para que la cogiera.

- Toma... Ésto es lo que tengo. No puedo ofrecerte nada más. Lo siento. Hay algo de ropa de Frank en el armario, pero no tengo zapatos, aunque no sé si los suyos te servirían.... -dudó- A veces se deja algo de ropa cuando viene a visitarme. No creo que le importe si te la presto.
- No te preocupes. No necesito nada más. Con esto es suficiente. Gracias- le agradeció Eric casi sin levantar la vista del suelo- Porqué? - soltó de pronto-.
-Porqué, qué?- quiso saber ella-
-Ya sabes, porqué lo haces?
-Ya te lo he dicho.... Es Navidad, y no creo que nadie merezca vivir en la calle y más con este frío  y esta nieve.... És lo menos que puedo hacer. No te preocupes.- y continuó hablando como si hablase para ella- La vida en la calle no debe ser fácil.... Y me parece que todos deberíamos hacer lo que podamos cuando vemos que alguien lo esta pasando mal. Mal no, peor. Dejémoslo, vale? Ya te he dicho que no tienes nada de qué preocuparte. Mañana hablaremos y veremos que podemos hacer. Mientras tanto, tómate una ducha y aséate. Luego nos iremos a dormir, que nos vendrá bien a los dos.

Y con una sonrisa le indicó dónde estaba el baño y lo dejó solo mientras ella hacía otro tanto en su habitación, y se ponía además a buscar una manta y una almohada para que su invitado sorpresa pasara la noche.

                                                          *********

Cuando se hubo duchado y aseado, Eric se sintió un hombre renovado. No se había afeitado, la barba le picaba pero se conformaba con la tremenda suerte que había tenido y aún no podía creerse... Sí, le daba vueltas a todo y era imposible creer que todavía quedara buena gente en el mundo y él hubiera tenido la fortuna de encontrarse con una de esas personas... Casi le parecía un milagro. Aunque hacía ya tiempo que no creía en los milagros.... Salió vestido ya, con una camiseta de algodón gris y unos pantalones de chándal azules, descalzo y con el pelo húmedo todavía, peinado hacia atrás. La cena y la ducha lo habían rejuvenecido. Volvía a tener treinta y cinco años, no cincuenta y cinco que solía aparentar. Era increíble lo que podía lograr un buen baño y tener el estómago lleno. En ése momento , Laura que parecía haberle oído, salió con una blanca almohada y una manta de cuadros que le tendió para que cogiera. 

- Bueno.. pareces otra persona, sin querer ofenderte- sonrió satisfecha- Puedes dormir en el sofá esta noche. 
- Gracias otra vez- Eric sonrió y cogió lo que le ofrecía- El sofá tiene pinta de ser muy cómodo. Mucho mejor que el suelo- volvió a sonreir con la mirada azul brillante y formándose pequeñas arruguitas alrededor de sus ojos-
- Vaya, vaya... Al fin sonríes. - Laura cruzó los brazos sobre su pecho- Me alegro mucho de saber que estás más tranquilo. Pensaba que no confiabas en mí.
- No es que no .... - suspiró-. La calle te vuelve desconfiado. Si no desconfías , no sobrevives. - Y continuó hablando un poco sorprendido- De todos modos, eres tú la que no debería confiar en un extraño... Ya te lo dije, puede ser peligroso.

Laura suspiró cansada y se dió media vuelta sin decir nada más. Y cuando parecía que iba a entrar de nuevo en la habitación, giró la cabeza balanceando su oscura cabellera y le dijo:

- No me preguntes porqué, pero sé que puedo confiar en tí. Sé que no me harás daño. Pareces buena persona. Una buena persona con mala suerte . Mañana hablaremos sobre lo qué podemos hacer y las opciones que tenemos. Ahora me voy a la cama- sus ojos oscuros brillaban con una sonrisa escondida. Estoy cansada. 
- Tenemos?- repitió Eric- Qué quieres decir con  "tenemos"?
- Esta noche has cenado, te has duchado, te has cambiado la ropa y tienes un sitio caliente donde dormir... Quieres volver a la calle mañana? No, creo que no, ¿verdad?

Eric no respondió. Sólo se quedó mirándola con ojos atentos y mirada agradecida.

- Eso creía yo..... Mañana. 

Y con ésto abrió la puerta del dormitorio y desapareció en el interior, dejándolo para que él también pudiera descansar .

                                                    *********

A la mañana siguiente, el sueño reparador sumado a la cena y a la ducha había obrado un verdadero milagro. Cuando Laura se encontró con Eric en el salón, esperándola sin saber qué hacer, se encontró con un hombre joven , aún  con barba, con el pelo oscuro alboratado de dormir, la mirada azul limpia y con un brillo de esperanza en los ojos , que había empezado a anidar en él, aún sin saberlo. Desayunaron casi en silencio, entre sonrisas escondidas, y cuando terminaron, conversaron acerca de la situación de Eric. Él no podía creer que hubiera comido dos veces en menos de diez horas..... Era sorprendente. 
Laura le ofreció la posibilidad de buscar un trabajo e incluso de prestarle algo de dinero para que pudiera vivir mientras  tanto, pero Eric se negó a aceptarlo. Estuvo de acuerdo en que sería  estupendo encontrar un empleo, pero no quiso aceptar el dinero . Frente a ésto, Laura le ofreció quedarse con ella unos días más, y se negó en rotundo a que Eric desechara también esa opción. Así que hablaron y hablaron, discutieron todo, y sin darse cuenta transcurrió media mañana, y Eric no tuvo más remedio que acabar aceptando la ayuda que Laura le ofrecía. Acordaron que empezarían por el empleo y luego buscarían un alojamiento que Eric pudiera pagar de su sueldo. Y así sin más, empezó la búsqueda de las segundas oportunidades.
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La vida fué extraña durante aquellos días. Habían transcurrido apenas tres semanas y Eric había conseguido un empleo de jardinero. Se le daban bien las plantas. Las cuidaba con esmero y mimo , y parecía entender las necesidades que cada una tenía. Le gustaba  su trabajo, y su sueldo, aunque no muy elevado, le permitía vivir sin apuro. Aquello sí podía llamarlo milagro. Había empezado a creer. A creer de nuevo, en la fé, en la suerte, en las buenas personas, Laura se lo había demostrado y también en el amor. Sí , en el amor. También Laura era la responsable de ello. En las últimas semanas, habían pasado de ser dos completos extraños, a mantener conversaciones cómplices y confiadas, entre miradas alegres y sonrisas iluminadas. No creía que ella sintiera lo mismo que él. Ni siquiera se planteaba la posibilidad. Pero no podía evitar lo que había empezado a sentir. Y no pensaba decírselo a ella. No. Era imposible. No quería asustarla y que pensase lo peor de él. Se merecia su respeto más que cualquier otra persona. Se lo guardaría para si mismo, y seguirían siendo buenos amigos. Porque después de lo que Laura había hecho por él, éso era lo que eran, buenos amigos. Nada más. Aunque se muriera de ganas de acariciar su pelo, aunque se muriera de ganas de abrazarla fuerte, aunque su pecho se expandiera, cada vez que ella entraba en una habitación... Aunque su ansiedad por besarla fuera tan grande, como la soledad que había dejado atrás. Porque ya no estaba solo. Ni muerto de hambre y de frío. Ahora la tenia a ella, de un modo u otro, sabía que podía contar con ella. Ella era su sol, su esperanza, su impulso. Ella, que se había parado frente a él, sucio mendigo del que todos se apartaban, y le había ofrecido su ayuda y su amistad, para encontrar un nuevo camino. Ella era su milagro de Navidad. Casi no podía creer en su suerte.

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Laura no sabía cómo se seníia. Eric había conseguido un empleo y había llegado el momento de buscar un nuevo alojamiento. Pero ése era el problema. Qué no sabía si quería que Eric se fuera. Sí, parecía increíble y fuera de lugar.  Hasta hacía apenas tres semanas, era un desconocido, un mendigo de la calle, alguien a quién había ofrecido su ayuda. Había pasado de ser una acción solidaria, a un amigo, y de un amigo, a un compañero, en un instante tan rápido, que casi no se había ni dado cuenta. Hasta ahora. No sabía cómo, Eric había ido avanzando poco a poco, ganándose su confianza primero,  su respeto después, cuando le contó cómo había llegado a vivir en la calle, entre cartones y bolsas, y su cariño hacia él , había ido creciendo y creciendo, a lo largo de los días, hasta alcanzar cotas inimaginables para ella. Lo amaba, pero no iba a decírselo. No quería que pensara lo peor de ella. Que creyera que quería cobrarle el favor. Se sentia confusa, pero al mismo tiempo, no podía ignorar lo que sentia. Nunca se había sentido así. Eric era un hombre guapo, aunque la primera vez que lo vió, acurrucado en el portal, hubiera jurado que tenía veinte años más, de los que en realidad contaba. Ahora, con el paso de los días, su barba había desparecido, dejando tras ella, la imagen de un hombre joven, atractivo, de mirada azul y limpia, boca llena y labios sugerentes, y dispuesto a empezar de nuevo. Pero sin ella. Le dolía sólo pensarlo. Pensar el modo en que lo había conocido.... Las vueltas de la vida eran un pozo de sorpresas inesperadas. 

                                           *********

Y llegó el día de las despedidas. De momento, Eric iba a quedarse en una pensión bastante acogedora, aunque no tanto como el apartamenteo de Laura. Alli se sentía como en casa. Había sido su primer hogar después de vivir casi tres años en la calle, dando tumbos de un lugar a otro, sin trabajo y sin futuro. Hasta que la conoció a ella. Su milagro. Así es como la llamaba y como la llamaría siempre. 

Casi no llevaba equipaje. En una bolsa de deporte, había puesto sus escasas pertenencias, casi todas las cuales, incluyendo su futuro y sus nuevas esperanzas, se las había regalado ella. Ella. Su ángel. Su milagro de Navidad. 

- Bien- se acercó a Laura dubitativo.- No sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí.... Siempre te estaré agradecido.
- No tienes que darme las gracias Eric. Ya lo sabes..... - susurró Laura. Lo hubiera hecho por cualquiera.

"Aunque sólo te quiero a ti"- pensó ella triste.

- Laura , yo.... - Eric se calló, a tiempo de guardar su secreto- 
- Qué?
- Yo... nada. Lo siento.- mirándola a los ojos y hablándole con la mirada, contando todo aquello que sus labios callaban-
- No hay nada que sentir. Espero que te vaya muy bien. Suerte!!- susurró, fingiendo una alegría que distaba mucho de sentir- Y espero que te acuerdes de llamarme, o venir  a visitarme... y contarme qué tal te va.... Y si necesitas algo , ya sabes donde encontrarme...

Él la miró agradecido, con tanto amor en su mirada que por un instante, a Laura se le calentó el corazón. Lentamente, se agachó hacia su cara y con lentitud, depositó un suave beso en su mejilla. "Cuídate"- le dijo al oído, como un soplo de aire. Y pasó por su lado, dirigiéndose hacia la puerta, con pasos decididos y firmes, aparentando una seguridad que no sentia, en busca de su camino.

Laura se dió la vuelta antes de que Eric alcanzara la puerta, y exclamó sin poder contenerse:

- Eric , quédate!!!- y lo miró asustada, anhelante, esperando su reacción. - Quédate... conmigo... si quieres....

Eric dejó caer la bolsa que sujetaba en la mano, y avanzó hacia Laura con esperanzas renovadas y el corazón expandido. Y sin pensarlo ni un minuto más, alcanzó sus labios invitadores y la besó con infinita ternura.... 
Había encontrado su camino. Ella era su camino. Su ángel. Su milagro de Navidad.


FIN.

lunes, 17 de diciembre de 2012

ETERNO. CAPITULO III



- Pero habrás puesto una denuncia , no?- le preguntó Susana bastante sorprendida- Después de acudir a  la comisaría , había llegado al trabajo con el rostro demacrado, cansancio en los ojos de haber dormido mal y llorado hasta caer rendida, y el miedo todavía metido en el cuerpo. Las chicas le habían preguntado si estaba enferma o le ocurría algo, y Anna les había relatado su experiencia de la noche anterior... 
Susana y Olivia . No podía considerarlas íntimas amigas porque no lo eran, pero su relación laboral era lo bastante fluída y cordial, para poder confiarles la historia del callejón. Además, puede que compartiendolo con alguien se sintiera mejor.... O tal vez, no. El caso es que después de relatarles lo ocurrido , sin entrar en detalles escabrosos, como que el individuo en cuestión, tenía los dientes más largos que un can y que había pretendido que ella fuera su cena, las chicas se quedaron anonadadas y mudas por la sorpresa. Y cuando llegó a la parte en donde entraba en escena su rescatador, ellas pusieron ojitos y soltaron alguna que otra risita para aliviar la tensión. Pero lo cierto es que ambas se habían quedado con la boca abierta del asombro y de la incredulidad, y se habían lanzado a preguntar cosas del tipo ¿cómo estás? ¿te hizo daño?  ¿seguro que estás bien?, de una manera frenética. Cuando el asombro inicial dió paso a la reflexión y a comentar una y otra vez, los detalles del suceso, empezaron a relajarse un poco más y por un momento Anna pudo sentir  que la tensión que había acumulado en su cuerpo desde el maldito acontecimiento, poco a poco, empezaba a desaparecer, y que después de todo, gracias a la intervención de Samuel, no había sucedido nada que no pudiera remediarse.

-Sam, Sam...... ¿Sam que más?- había preguntado Olivia curiosa- ¿No te dijo como se apellidaba?
-No, la verdad es que no lo hizo... El tampoco parecía muy cómodo con la situación...
-Y no se te ocurrió preguntarle?- insistió Olivia apurada- Anna te rescató como un superhéroe, te llevo a su casa.. porque, ¿era su casa, no?

- No lo sé Olivia, supongo que sí.... Y no se me ocurrió preguntar nada.... No estaba de humor para preguntas..... Lo único que quería era llegar a casa y esconderme bajo la almohada.... - suspiró Anna- No creo que hoy me vaya tan tarde a casa, puede que me tome la tarde libre.... Necesito descansar. Tal vez, debería haberme quedado en casa... Pero quedarme en la cama , dándole vueltas, creo que hubiera sido incluso peor...

-Puede ser Anna, pero de verdad , te ves bastante mal- le dijo Susana sintiéndo lástima por su aspecto- Has ido a la comisaria, has venido a trabajar y entiendo tus motivos, pero sinceramente no creo que estés en condiciones de estar aquí hoy. Tienes un aspecto horrible, sin ánimo de ofender, y necesitas un buen sueño reparador con urgencia... ¿Porqué no te marchas a casa ya? No deberías estar aquí, si me permites decírtelo.- concluyó -.

- Puede que tengas razón pero ahora mismo no me siento con ánimos de irme a casa. Quiero terminar la mañana y dejar mis asuntos en orden. Puede que cuando lo tenga todo dispuesto, me tome la tarde libre...Ya veremos....

-Si te preocupa el horario de la tarde, olvídate, que nosotras nos haremos cargo... Puede que no nos marchemos tan tarde como tú, pero podemos abrir y cerrar por tí, y podemos apañarnos ,  de eso no te preocupes.-ofreció Susana de buena fe.- 

-Lo sé, Susana, lo sé.... No dudo de vuestra capacidad- argumentó Anna agradecida- Ése no es el asunto. - Y finalmente concedió- Está bien, está bien.... En cuánto tenga todo organizado para hoy, me marcharé a casa....Puede que sea lo mejor. La verdad es que me gustaría cerrar los ojos y poder dormir dos días seguidos. 

Y siguieron hablando y conjeturando mientras trabajaban, iban y venían, sobre aquel feo asunto y sobre el misterioso hombre que la había rescatado como un superman moderno. Aunque Anna no paraba de repetir que pese a que se sentía muy agradecida por la actuación de Sam, no debían exagerar demasiado ni sacar las cosas de su sitio. Le parecía  grotesco compararlo con Superman, puesto que realmente le había parecido bastante mas oscuro  que el brillante héroe del cómic. Pero las chicas eran así, bromeaban tratando de quitarle hierro al asunto e intentaban que Anna se sintiera mas relajada y ella lo agradecía. Como se había propuesto, organizó su correo y sus tareas pendientes y las programó para los días siguientes en previsión de alguna otra complicación. Pensaba acudir al trabajo sin falta al día siguiente , pero no obstante, era mejor organizar las tareas de modo que pudiera cumplir los plazos sin tener que verse sobrepasada de trabajo acumulado, por tomarse la tarde libre el día de hoy. Así que a medio día , con todo dispuesto y más tranquila  de lo que había llegado por la mañana, se despidió de las  chicas y dejándolas a cargo de la biblioteca y del cierre, se marchó a casa pensando en meterse en la cama y no salir de ella hasta el día siguiente. Al menos eso tenía en mente. Estaba tan cansada cuando llegó   que se sirvió un pedazo de pastel de carne frío del frigorífico y sin calentarlo ni nada, se lo terminó, le dio de comer a Gus y fue derechita a reconciliarse con las sábanas que con malicia se habían enredado durante la noche entre sus piernas , aumentando la sensación de estar sujeta contra la superficie de una pared cualquiera en una oscura calle cualquiera de cualquier parte de la oscura ciudad..... Unos afilados y profundos ojos verdes la observaron desde sus sueños.

Continuará.....



lunes, 10 de diciembre de 2012

CAPITULO II. FIN DEL CAPITULO.



Anna no pudo evitar darse cuenta de la tensión en el aire. Sabía que no estaba en peligro inmediato, de lo contrario, no la hubiese ayudado ni la hubiera llevado allí, donde fuera que fuere, pero detrás de la fachada, percibía una pequeña alarma, un instinto que le decía que algo no andaba del todo bien. Se observaron mutuamente, valorando sus respectivas reacciones. Anna  se sentía saturada de información y al mismo tiempo, perdida;  él, cuyo nombre desconocía, parecía estar a la espera, tenso, incómodo, molesto por algo,  pero al mismo tiempo firme y resuelto. Anna se dejó caer de nuevo en el diván de donde se había levantado minutos antes con cansancio, y se cubrió el rostro con las manos, exhaló e inhaló aire, renovando el oxígeno de sus pulmones y se preparó para las explicaciones que él había prometido darle. Aunque no estaba segura de nada. No podía estarlo. Seguramente, no volvería a estarlo en mucho tiempo. El desconocido avanzó unos pasos más, hasta acercarse lo suficiente como para poder seguir la conversación, pero  sin embargo , guardó las distancias. Anna supuso que lo hacía por ella, para no sobresaltarla después de lo sucedido, y   ella pudiera sentirse más segura, sin que él invadiera su espacio personal. Y verdaderamente,  lo agradeció. Cogió una butaca baja, también de aspecto viejo pero  restaurada, con un estampado rojo oscuro de estilo adamascado,  y con la elegancia  con la que Anna ya lo había visto moverse, se sentó. Ella lo miro a la espera de que comenzase a hablar y no tuvo que esperar demasiado.

- No se quien era ese tío, cuando llegué te sujetaba contra la pared.- Anna se estremeció al recordarlo, y con el recuerdo volvieron las sensaciones angustiosas- Lo aparté de un empujón, tu te caíste al suelo y el huyò. Eso fue todo, al menos, es lo que puedo contarte- su voz era grave, pero suave, aterciopelada y su tono tranquilo, firme. No parecía mucho mayor que la misma Anna, tal vez unos pocos años, pero expelía una madurez , una firmeza bastante impropia de un hombre de su edad. Sus ojos extraños hablaban de experiencia, aunque Anna no podía ni empezar a imaginar, cuan en lo cierto estaba respecto a su impresión.Continuó: - Luego te recogí del suelo y te traje aquí. - Pareció que iba a exhalar , pero se contuvo- No tienes nada grave, sólo te saldrán moretones y algún que otro golpe..... En unos cuantos días , estarás bien. - Afirmó tajante- Por lo demás.... no se que te pareció ver, pero te aseguro que  a lo largo de mi vida , he encontrado  gente muy rara.... - Su voz se volvió mas tensa si cabe-.

- Se que hay gente muy extraña, pero ... pero..... este tío tenía la boca llena de dientes y ...  quería , ... quería.... parecía que quería .... si  es que   no puedo ni decirlo....incluso después de haberlo visto , me parece imposible...... - se detuvo, tomó aire y continuó, con el tamborileante dolor de cabeza sonando en sus oídos- Quería morderme..... como un ... como un  ... vampiro.... aunque puede que no lo crea, pero  es cierto... No digo que lo fuera,  aunque llegué a dudarlo.... pero estaba lo suficientemente loco y fuera de sí , para intentarlo....Por un instante creí, ... creí que era real , que había surgido de un remoto y oscuro lugar.... Que puede que las supersticiones , no lo fueran tanto.....  Puede que  yo me haya vuelto loca..... o puede que  sea un psicópata , no sé, pero aun así.... aun así..... no creo que pueda dormir  en mucho tiempo... Dios!!- escondió la cara entre las rodillas- Creí.... creí .... no podía quitármelo de encima.... si no hubiera sido por usted.... - se detuvo, ahora si, las lágrimas rodaban mansas por sus mejillas- Gracias, si no hubiera aparecido usted, puede .... puede.... que no hubiera podido contarlo...

"Dios no tiene nada que ver en esto...."- Pensó él- " No somos nadie para él, malditos e ignorados por el Altísimo, Padre de todas las criaturas, señalados por lo que somos, porque escapamos a su juicio y a su poder .... "


                                       *****************

Él estaba seguro de eso, aunque a ella no pudiera decírselo. Si no hubiera intervenido, aquella pobre mujer hubiera acabado entre los cubos de basura de la infecta calle en la que la había acorralado aquel bárbaro  de Marius. No quería sentir lástima por ella,  pero verla  llorar en silencio, le provocó una sensación extraña. Cuando ella había hablado, él  se había dado cuenta que la parte racional de su mente, se imponía sobre lo que sus ojos habían presenciado, y volvía aquellos nítidos recuerdos, engañosos y volubles, algo que era bastante habitual después de sufrir una situación de extrema violencia y sumamente traumática. Sabía que ella en aquel momento, ya no se sentiría segura de lo que había creído ver , que lo que tan real le había parecido en un principio, ahora lo creía  fruto del estado de nerviosismo en el que se encontraba en el momento del asalto,  y que su mente   la había traicionado de la peor manera. ¿Cómo lo sabía? Podía verlo en su mirada, olerlo en su cuerpo, intuírlo en sus huesos....Mirándola con atención casi podía saber lo que pensaba, su expresión corporal era como un libro abierto. 
 Era lógico que un mortal,  fuera más propenso a querer creer en la  racional  y mas probable realidad , que en un personaje salido de una historia de terror.... Ésa era su ventaja y su fuerza.... El anonimato era la fuente de su poder.... Ellos eran más fuertes, más rápidos, inmortales, pero los humanos eran más numerosos... con la tecnología y las armas de la época moderna, los masacrarían tarde o temprano. En lugar de depredadores, pasarían a ser la presa y no podrían evitarlo.... Muchos humanos caerían en el proceso, pero finalmente los que caminaban durante la noche, serían exterminados.  Ya había estado a punto de suceder  antes, mucho antes de su nacimiento a la oscuridad, los más antiguos que todavía perduraban , lo habían vivído y sabían que habían estado muy cerca de desaparecer. Por eso era tan importante, permanecer  ocultos  en la ignorancia....La miró llorar en silencio y se le ocurrió que el siguiente paso mas lógico para ella, sería que pusiera una denuncia por asalto . Las autoridades competentes, o incompetentes debería decir, se encargarían de buscar al huidizo asaltante y el quedaría fuera de todo esto...Y tenía que asegurarse de que ella comprendía que se trataba únicamente de un humano, psicópata y criminal, pero mortal al fin y al cabo.  No quería insistir demasiado porque podía caer en el error de parecer demasiado .... interesado  y como consecuencia provocar el efecto contrario, que ella pudiera sospechar que no estaba equivocada... 
Estaba bastante seguro de que era eso lo que ella pensaba. Estaba traumatizada y era casi seguro que con el tiempo terminaria creyendo que todo habia sido fruto del trauma. De todos modos,  nunca encontrarían el cuerpo..... sólo restos de cenizas irreconocibles que facilmente se confundirían con suciedad de la propia calle. Se había encargado de ello. 

-Uhmmmm.... - dudó un segundo y se recuperó- ¿Te sientes  más.... tranquila? Puede que necesites que te vea un médico   o.... , quieres volver a casa?   - se preguntó si viviría sola-  Puede que lo mejor sea que descanses y mañana pongas en conocimiento de las autoridades lo ocurrido... - se levantó para irse y luego volvió a mirarla. Casi no recordaba sus necesidades cuando era un mortal, pero  pensó que tal vez ella tuviera alguna en ese momento... La casa estaba totalmente equipada con todo lo necesario para vivir  cualquier humano, puede que él no lo necesitara, pero Daniel , si. - Por cierto... necesitas algo? Puedes ir al baño a limpiarte o puedo ofrecerte... agua, solo tengo agua...

- No , gracias... sólo quiero irme  a casa, dormir y olvidar lo ocurrido hasta mañana.... Estoy muy cansada y no puedo dejar de pensar.... todo fue tan real.... creí.... Dios, hay gente muy extraña.... Sé que hay  gente muy rara  pero nunca pensé que  nadie  pudiera  llegar tan lejos en algo....en algo así. Ese hombre estaba loco..... Me hubiera matado ....De verdad, hubo un instante en que llegué a pensar que ... que era un vampiro, por dios..... ahora me parece ridículo, seguramente sería algún juego de rol llevado a otro nivel, pero parecia tan real... Creo que necesito dormir.... - con un suspiro entrecortado , cerró los ojos castaños llenos de miedo e incertidumbre, sin saber todavía muy bien que pensar, que era realidad y que no. Las dudas no dejaban de rondarla, pero se resistía a creer en cuentos de horror, historias de fantasmas, de supersticion.... historias de ficcion.Prefería la teoría del juego de rol. - ¿ Puede llamar a un taxi, por favor?

- Tutéame, por favor.... haces que me sienta viejo - Sam rió para sus adentros su propia ironía.... - Y no, no voy a llamar a un taxi, yo mismo te llevare a casa. Sólo dime dónde vives.... y llegaremos en un momento. - sin casi pensarlo, la sorprendente afirmación brotó de sus labios como un soplo de aliento, pero  los sentimientos encontrados de ella y los oscuros instintos de él que ella desconocía que albergaba,  se tornaron densos entre los dos, adquiriendo la solidez de una pesada piedra. 

-No, no es necesario.....- le contestó Anna categórica, esperando que el cediera sin insistir - Puedo ir en taxi, no te preocupes..... - se detuvo un momento a pensar, y tímidamente dijo- Uhmmm, no se cómo te llamas....Soy Anna....- y le ofreció la mano a modo de saludo- Y tu eres.... ? 

- Sam.... Samuel- Sam dudó  unos momentos antes de responder, habia querido evitar las presentaciones, pues lo mejor era que ni tan solo supiera cual era su nombre, pero finalmente no había podido evitarlo. Después de todo, también era logico. Aceptó la mano que ella le ofreció con cautela, casi sin querer tocarla y una sensación inusual lo recorrió como ondas en el mar. Sintió la calidez de la palma de su mano, la suavidad de su piel en sus dedos hambrientos con una extrañeza que lo barrió de un golpe. Era sutil, extraño, y también desconocido. El apretón de manos duró un instante más de lo hubiera debido, y al perder su contacto, sintió que había perdido algo más, aunque no sabía ponerle nombre. Puede que fuera curiosidad, después de todo, casi nunca interactuaba con mortales, aparte de Daniel, y había dejado de ser habitual y natural para él. Hubiera querido llevarla a casa, pero la incomodidad lo subyugó, y el hambre avanzó, acechando y amenazando en saltar en cualquier momento, haciéndo peligrar su autocontrol, por lo que decidió que lo mejor para ambos, sería llamar a un coche de alquiler... o taxi, como lo llamaban en el presente.

Anna se levantó para marcharse pero en el último momento se dió la vuelta rápidamente y exclamó: -Gracias, si no hubiera sido por ti, no se como habría acabado la noche, pero estoy segura de que mucho peor.... Estoy muy agradecida. Te debo mi vida..... Gracias, no  se como agradecer lo que has hecho por mí... Si alguna vez necesitas un favor, ven a verme. Trabajo en la Biblioteca Antigua, pregunta por mí. - y sin más , se dió la vuelta para marcharse. 

Continuará.....





domingo, 9 de diciembre de 2012

CONOCIENDO BLOGS, ¿ME ENSEÑAS EL TUYO?




Esta iniciativa, que me parece genial,  me llegó de la mano del blog Mis historias y más, aunque es una idea original fruto del ingenio de la administradora del blog   En el mundo de la fantasía. La idea que propone tiene como objetivo que nuevos blogs y nuevos autores puedan darse a conocer. Y para ello ha creado un grupo en facebook, para que todo el que quiera, pueda unirse a esta iniciativa, que como ya he dicho, a mi me parece genial, ya que la blogosfera crece cada día y a un ritmo vertiginoso, y es una manera estupenda de que podamos conocernos unos a otros. Aquí os dejo las normas del grupo en facebook. Espero que os apuntéis. 



CONOCIENDO BLOGS, ¿ME ENSEÑAS EN TUYO?


Unas sencillas normas a seguir:

Todo aquel que quiera entrar en este grupo para conocer más blogs tendrá que hacer una entrada en su blog anunciando el grupo y colocar el banner en algún lateral visible y enlazado a este grupo.

No se admite spam de ninguna clase, solo seran anunciados los blogs que cada persona tenga.

Para anunciaros, despues de ser aceptados, tenéis que poner lo siguiente: Nombre y dirección del blog. Y el tipo de blog que tenéis.
Los autores tenéis que hacer lo mismo y quien quiera dar una forma de contacto, ya sea mail o facebook.

Y esto es todo, al menos por ahora. Animáos a participar, cuantos más seamos mejor... Hay un montón de blogs esperando a que los descubras!!