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martes, 17 de diciembre de 2013

RELATO CORTO: OJOS DE GATO.


Caminaba calle abajo a paso ligero. Se sentía tan cansada que lo único que le apetecía con urgencia era llegar a casa para meterse bajo el chorro de la ducha, y dejar que el agua caliente le calmara los músculos doloridos. Había sido un día duro.
La calle estaba bastante oscura, faltaban algunas luces del alumbrado, que al parecer se habían fundido y no habían sido repuestas. Pasos resonaron a lo lejos. Echó un vistazo a su espalda, intentado localizar el causante de aquellos lejanos sonidos huecos, que cada segundo parecían estar mas cerca, aunque fue incapaz de encontrar su origen. Aceleró el paso intentando llegar a una zona mejor alumbrada de la calle, que vislumbraba un poco más adelante, y sintió la necesidad de sentirse segura entre las cálidas paredes de su casa. Un sentimiento de desazón que no podía justificar se apoderó de ella, y sintió el impulso de echar a correr. Los sonidos parecían estar cada vez más cerca, hasta el punto de que por un momento creyó que los tenía justo detrás. De pronto , el silencio más absoluto. El vello se le erizó y una sensación de frío la recorrió de arriba a abajo. Se detuvo a escuchar, aunque todos sus sentidos le pedían que corriera. El corazón le latía desbocado golpeándole las costillas, como si quisiera salírsele del pecho. La adrenalina la puso en marcha de nuevo y reaccionó con rapidez. Aunque no lo suficiente, pues se vió arrastrada por el suelo después de sentir un golpe brutal en su espalda que la tiró de bruces. Se dió con la cara en el asfalto, y sintió la quemazón de los arañazos en su piel. Una fuerza invisible la arrastraba hacia delante guiándola como sujeta de unos hilos cual marioneta inerte. No podía luchar contra aquella fuerza que la dominaba y parecía llevarla a algún lugar. Y de pronto ocurrió algo que la desconcerto más aún, si aquello era posible. Aterrorizada , la cabeza se le fue hacia atrás, y sintioósu mente invadida por una presencia que no era su propia esencia, sino la de otro ser, que parecía tomar el control de su cerebro. Sus ojos se quedaron ciegos por un momento, a su alrededor todo era oscuridad, y en medio de aquella, unos ojos de gato aparecieron como dos luces para iluminar el camino. Ojos grandes y rasgados, verdes y amarillos, brillantes, con el iris vertical, que parecían excrutarla desde el interior de su mente, queriendo decirle algo, algo que ella , en su ceguera y desesperación , no alcanzaba a comprender. Perdida toda noción de la realidad, creyó que estaba sufriendo algún tipo de paranoia alucinoide, í otro tipo de pérdida de raciocinio fruto de algún desbarajuste que no podía justificar ni explicar. O puede que estuviera muerta. O que estuviera dentro de una horrenda pesadilla de la que no podia despertar. Cualquier posibilidad era mejor que creer que aquello era real, pues si lo creyera, realmente seria síntoma de que había perdido la cabeza.
Sintió una fuerte sacudida, y una voz se filtró en su mente. Era profunda, vibrante, como el ronroneo de un gato, aunque parecía humana.
-Quedate quieta, no te muevas.....no te resistas, quiere llevarte con él.... déjale hacer.... yo te liberaré....
No entendía de dónde brotaba aquella voz, pero tenía la certeza que los ojos de gato que la observaban desde la oscuridad de su mente enloquecida y aquella voz susurrrante, tenían el mismo origen, pertenecían al mismo ente que se comunicaba con ella de aquel modo extraño.
Se dejó hacer.... Y tan pronto como dejó de resitirse a aquella fuerza avasalladora que la impulsaba hacia delante, hacia un lugar desconocido, se desplomó en el suelo como una muñeca rota.
Intentó incorporarse lentamente, la visión parecía volver de nuevo a sus ojos, aunque borrosa y vacilante, y se sintió terriblemente cansada, más aún de lo que ya lo estaba, agotada, como si la vida estuviera a punto de abandonar su cuerpo. Se desplomó en el suelo frío de nuevo, incapaz de levantarse, con la cabeza ladeada, notando como un fino hilo caliente surcaba su mejilla arañada y despellejada. La brutalidad de aquel asalto se había cobrado un alto precio que su cuerpo maltrecho había pagado con creces. Mirando sin mirar, con la vista pérdida en algún punto inconcreto, un gato negro se deslizó silencioso cruzando su visión, entre la penumbra de la calle, como una sombra que de pronto pareció perder su forma y tomar una nueva, humana, que se incorporaba sobre sus patas que se transformaban en piernas y manos, alzándose con un cuerpo completamente humano, de hombre, y en aquel momento, perdió la consciencia, se sintio caer en un pozo de oscuridad y se dejó llevar por una inmensa calma, la que creyó que precedía a la muerte. Increíblemente, se sintió en paz, ligera, desaparecido el cansancio. Sintió que se elevaba, sin ser consciente de unos brazos fuertes que la levantaban y la llevaban. Se sintió cálida, caliente y reconfortada, en puerto seguro.

Una tenue luz se filtró entre sus pestañas, invitándola a observar. La cabeza le palpitaba, y se sentóa aturdida y desorientada. Se incorporó sobre sus manos, y se dió cuenta de que se hallaba tendida en una cama grande, enorme, de sabanas negras y suaves. Pero no era su cama. No sabía dónde estaba.
Se levantó sujetándose las sienes, y las masajeó suavemente, queriendo hacer desaparecer el dolor. Al observar más detenidamente, se percató de la existencia de una mesilla sobre la que encontró un vaso de agua junto a una píldora que reconoció como un analgésico. Quien quiera que fuera quien la había dejado allí, sabía que la iba a necesitar. Se tomó la pastilla con un sorbo , y levantándose vacilante, se dirigió a la única puerta que encontró. Aquella puerta la llevó a un pasillo levemente iluminado en dónde colgaba un espejo en el que se detuvo a observar su reflejo. Acarició su cara, pasando los dedos sobre la fea herida que todavia permanecia tierna y sensible, dolorida. Avanzó unos pasos, mirando a su alrededor, y el pasillo dió paso a otra estancia igualmente iluminada. Un desconocido permanecía de espaldas a ella, absorto. De repente se dió la vuelta y la miró directamente, esperando su reacción. Ella avanzó un poco más, dudosa, sin decir nada, y cuando casi estuvo a su altura, el desconocido rompió el pesado silencio.
  • Cómo te sientes?- su voz grave, vibrante, le recordó otra voz que ya había escuchado antes, y qué debido a la singularidad del hecho, le era imposible olvidar.
  • Bien... - respondió ella- Todo lo bien que se puede estar.... - la voz broto rasposa, temblorosa.
  • Creo que no me he presentado como es debido.... Mi nombre es Aaron. Siento que nos conozcamos en estas circunstancias.
  • Y qué circunstancias son esas? - No sabía como afrontar la situación.
  • ¿No quieres saber qué fue lo que ocurrió esta noche? O quien te asaltó?- la interrogó él, con incredulidad fingida.
  • No sé muy bien si quiero saber o no..... Lo que ocurrió fue..... extraño ... y aterrador... Creí, por un momento creí... Que iba a morir....- su voz fue un susurro triste.
  • La muerte..... hubiera sido una liberación. Pero esa conversacin podemos dejarla para cuando te sientas un poco mejor. Hay cosas que debes saber, pues tu vida como la conoces, ha cambiado. Debes ser cautelosa, protegerte.... o dejar que te protejan. Porque créeme cuando te digo, que volverá, lo intentara de nuevo... y puede que entonces no tengas tanta suerte.- afirmó Aaron seriamente.- No pienses que mi intención es asustarte, sólo deseo prevenirte.
  • ¿Prevenirme de qué? Qué ocurre? Quién volverá, maldita sea?- la voz de la mujer subió un par de octavas, el miedo tomaba el control.- Díme!!! Díme qué pasa!!
  • Como digo.... Es mejor que tengamos esta conversación cuando te hayas repuesto.... Te contaré todo cuanto quieras saber, todo, pero es mejor que te calmes, pues el miedo hará que cometas errores, y eso, puede ser fatal. Mientras.... mientras, puedes quedarte aquí si lo deseas.
  • ¿Mientras? Quieres decir que no puedo volver a mi vida, a mi casa?!!- Ella parecía cada vez más afectada, el control esfumándose por momentos.
  • No voy a tomar esa decisión por ti... Pero aquí estarás más segura, al menos , mientras encontramos otra solución. No tienes nada que temer de mí.
  • ¿No tengo nada que temer? Y címo puedo saberlo, dime, cémo? No te conozco, no se quién eres ni de dónde diablos has salido.... No sé dónde estoy, ni cómo he llegado aquí... No sé si puedo fiarme de tí, estaría poniendo mi vida en tus manos.... y eso, amigo, es mucho decir, no te parece?- la mujer hablaba a voz en grito, expresándo su miedo en unas pocas frases. Aaron sabía que era una reacción normal después de lo que había sentido, del miedo y la incertidumbre, y no dijo nada al respecto. Dejó que alzara la voz, y su miedo brotara, y cuando calló, las lágrimas brotaban de sus ojos , ya liberadas de su prisión .
  • ¿Fuiste tú? - preguntó entre hipídos-.
  • ¿A qué te refieres? - inquirió él-.
  • A si fuiste tú quien me trajo aquí... Creo que alguien me liberó cuando.... Pero sólo recuerdo unos ojos... unos ojos de gato... y una cálida voz... Tu voz. ¿Puedes explicarme eso? - preguntó de nuevo- No pienses que no te lo agradezco... si fuiste tú. Pero fue muy extraño...
  • Fuí yo.
En aquel momento ella recordó la sombra del gato, silenciosa , deslizándose entre las sombras, transformándose en un hombre, ante su mirada ausente, que sólo podía observar atónita en su estado de embriaguez y confusión, cómo su forma cambiaba y se erguía sobre sus patas convertidas en pies humanos, como una silueta desnuda, definida, con contornos claros y dibujados, firmes y desconocidos hasta ese momento, se abrían paso en la bruma de su memoria consciente antes de caer presa de la oscura inconsciencia.
Entonces Aaron dió un paso hacia ella, exponiéndose a la escasa luz de la estancia, que le alumbró el rostro. Sus rasgos le eran desconocidos, su nariz, su boca.... Pero sus ojos...Aquellos ojos ... Conocía aquellos ojos, ahora humanos. Mientras lo observaba, el aire se crispó, se calentó, vibró.... y en sus ojos aparecieron dos pupilas verticales dentro de unos iris verdes y amarillos.....Ojos de gato. Los mismos ojos, la misma mirada.....
Él supo que ella iba a huir antes siquiera de que el pensamiento cruzara su mente.... La apresó por los antebrazos, sujetándola firmemente pero sin hacerle daño, y se acercó tanto que podía olerlo. Un aroma raro, almizclado, terrenal, le llenó las fosas nasales. Y recordó otra sensación: el sentimiento de seguridad cuando creyó que la muerte había venido a buscarla. Recordó la sensación de sentirse alzada, elevada, flotando sobre dos brazos fuertes y cálidos, acogedores y protectores, que la llevaban a un lugar donde estaría a salvo. Y , sin saber porqué, tuvo la certeza de que Aaron no quería hacerle daño, de que podía confiar en él. Aunque no sabía cómo había llegado a aquella conclusión, lo cierto era que lo creía.

  • No tienes nada que temer de mí.... Yo te protegería con mi vida si fuera necesario...- su voz surgió cadenciosa, brotando de la profundida de su pecho, como una vibración, un ronroneo.
  • Lo sé..... No me preguntes porqué, pero ahora lo sé...Tengo la extraña impresión de que te conozco de mucho tiempo antes de hoy....-movió la cabeza, en un gesto de negación e incredulidad.- Gracias , por protegerme.
  • No tienes que darlas...- Y retomando la conversación dónde se había quedado con anterioridad, le dijo:- Descansa, mañana cuando te sientas mejor, tenemos mucho de qué hablar.... Te contaré todo, lo que quieras saber, y entenderás, que tu vida, para bien o para mal, ha cambiado para siempre.
  • Está bien... Me quedaré hasta mañana. Después decidiré qué hacer.- La mujer cerró los ojos por un segundo y suspiró levemente. El analgésico empezaba a surtir efecto, y un leve adormecimiento empezaba a apoderarse de sus sentidos. Inclinó la cabeza hacia delante y chocó con el pecho de Aaron, que presintiéndo lo que ocurría, de nuevo la tomó en brazos alzándola como si pesara menos que una pluma, y se dirigió con ella a la habitación con paso firme y decidido. La depositó suavemente en la cama, y la observó en silencio. Se inclinó hacia ella y tomando un suave mechón de su pelo, lo acarició con reverencia. De pronto lo soltó como si se hubiera quemado, y aunque lo habían advertido, sabía que no podría evitar lo inevitable. La adivina lo había profetizado. El destino estaba escrito, y él conocía el suyo.... El de ambos. Ella estaba prohibida para él. Pero no podría evitar lo que sabía que no debía ocurrir. Porque cuando llegara el momento, ambos lo desearían. Y todo, cobraría sentido.

1 comentario:

  1. Qué relatos tan interesantes, Raquel, tan bien escritos, Te animo a continuar escribiendo. Y qué blog tan lindo, tan particular. Enhorabuena. Un abrazo.

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